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Soltar al lobo a las calles

En el país sobran los casos de jueces como Carlos Rossi. Funcionarios que terminan ayudando a los lobos.

10 de abril de 2017 a las 12:31 a. m.
Soltar al lobo  a las calles

Cuando no miran hacia otro lado, llegan definitivamente tarde. Y si no llegan tarde, ni siquiera arriban.

Cuando no ignoran las denuncias o las alertas de las víctimas, las desvirtúan o les restan gravedad. Y si no las desvirtúan, concluyen que la muerte fue un simple homicidio y le quitan el agravante del femicidio.

Cuando actúan contrario al derecho y al sentido común, dejan sueltos a los lobos. Y si no los dejan sueltos, terminan ayudándolos de forma indirecta con beneficios que sólo ellos entienden.

Juraron y prometieron cumplir la ley y hacerla cumplir.

Sin embargo, muchos de nuestros funcionarios (y funcionarias) judiciales siguen demostrando una incapacidad sin límites, cuando no una conducta a la larga cómplice con la violencia de género, un mal sin final.

Los nombres, los rostros, los casos de chicas y mujeres asesinadas en la Argentina, sea en grandes ciudades o en pequeños pueblos donde nunca pasa nada, se repiten, se aglutinan, se acumulan uno tras otro. Sin freno. Son cachetazos, son trompadas, son golpes que nos muestran la podredumbre mental de la que podemos llegar a estar hechos.

Como una pandemia, la violencia de género, pese a la visibilización que se ha hecho del fenómeno en los últimos años, sigue su marcha de drama y destrucción.

Cada 30 horas, en promedio, una mujer es asesinada en la Argentina. Dos de cada 10 mujeres asesinadas ya había denunciado a su homicida. Cada día se cometen 50 ataques sexuales en distintos puntos del país.

Hoy, el cachetazo llega desde Entre Ríos con Micaela, la joven a quien todos conocimos la semana pasada cuando su imagen, con la remera del #NiUnaMenos estampado, inundó las redes sociales con pedidos de paradero y ayuda desesperada.

La chica fue raptada, violada y estrangulada por un abusador serial convicto que tendría que haber estado preso. Su fecha de partida de prisión era el 16 de julio de 2018, tras haber sido condenado por dos ataques (y otro queda en duda), pero un juez lo dejó irse.

Contra la violencia de género y los femicidios, que es su expresión final, hay dos tareas a cumplir. Una, a largo plazo: trabajar en la educación y en el cambio cultural y social.

Otra, a corto plazo y de forma urgente: reaccionar y accionar con celeridad ante la víctima. Y en eso jueces, fiscales y demás funcionarios tienen un rol clave.

Hoy lo padecemos con el (aún) juez de ejecución penal de Gualeguaychú, Carlos Rossi, quien le abrió la puerta de la celda a Sebastián “el Melli” Wagner, cuando los peritos recomendaban todo lo contrario.

Lo peor es que no es la primera vez que tenemos un (otro) “juez Rossi” en la Argentina, incluso en Córdoba.

Cuántas veces hemos visto impávidos como quienes prometieron cumplir y hacer cumplir las leyes miraron hacia otro lado y dejaron sueltos a criminales que volvieron a atacar.

Cuántas veces hemos soportado y padecido que representantes judiciales –simples empleados públicos, sin desmerecer a los empleados públicos– reaccionaran tan pero tan a destiempo.

Los “Rossi” de Córdoba

En Córdoba, los casos sobran.

¿Acaso el último supuesto violador serial (de La Calera) no cayó preso y su causa se activó recién cuando todo salió en la prensa? ¿Acaso no tuvimos ya víctimas que se hartaron de denunciar que iban a ser asesinadas y se llegó tarde?

¿Acaso no se dijo desde Tribunales que Paola Acosta “ya iba a volver a casa” y se la terminó encontrando asesinada días después –gracias a un vecino–, con su hijita viva, en una alcantarilla?

¿Acaso María José Urbaneja no se había hastiado de anticipar que la iban a matar en Totoral y la orden de restricción llegó cuando la estaban velando?

Los casos sobran. Los Rossi siempre han sobrado.

¿Acaso en Córdoba no hubo un Carlos Molina que mató a su esposa, los jueces lo dejaron encerrado un par de meses por “emoción violenta” y lo soltaron para que volviera a asesinar a una nueva pareja?

Fue dicho: los Rossi sobran, siempre han sobrado.

¿Cuántos casos espeluznantes de violencia de género, totalmente evitables, hemos visto en la Argentina y cuántos más habrán de registrarse hasta que se tome conciencia? ¿Cuánto más dolor y drama habrá que sufrir?

Los femicidios, está claro, continuarán. En las últimas horas, por caso, una mujer fue asesinada a golpes por su exesposo en la provincia de Santa Fe.

Los casos no se detendrán ni este año, ni el próximo, ni el venidero...

Sin embargo, sin políticas urgentes, sin reacción inmediata de quienes deben hacerlo, esta pandemia no empezará a revertirse definitivamente nunca.