Temas del día:

Por una mordida, cayó por violento robo

Es un exempleado de un sanatorio, acusado de haber cometido un asalto como venganza por su despido. En el golpe, una secretaria fue atacada y terminó encerrada por 12 horas. La mujer se defendió y mordió al agresor. No dan con presuntos cómplices.

01 de octubre de 2014 a las 12:02 a. m.
Por una mordida, cayó por violento robo

Caía la tarde y la secretaria había empezado a preparar su bolso para marcharse. La jornada laboral había llegado a su fin. El teléfono sonó y no le quedó otra que atender. Del otro lado de la línea, un hombre, con tono amable, le pedía que aguardara unos minutos, ya que un proveedor iba a llevarle un dinero; a lo que la joven accedió. Media hora después, la mujer sufriría una pesadilla en el marco de un asalto cometido por al menos un solo ladrón. Fue amenazada, maltratada, maniatada y permaneció encerrada 12 horas en un baño, hasta que al día siguiente fue liberada. El ladrón y sus supuestos cómplices se apoderaron de unos 300 mil pesos en efectivo.El golpe ocurrió a fines de agosto en el sanatorio Allende de barrio Nueva Córdoba, en la Capital. Por el asalto, la Policía detuvo al dueño de un bar céntrico, a quien se le secuestró una importante cantidad de dinero escondido en el cielo raso del baño.Gastón Alejandro Arno (36) supo trabajar en el mismo centro de salud hasta que fue desvinculado. Hoy, está preso e imputado como supuesto autor de robo calificado y privación ilegítima de la libertad.Fue una mordida en una de sus manos lo que terminó por ponerlo contra la pared frente a los investigadores. Esa lesión, se sospecha con firmeza en ámbitos judiciales y policiales, fue efectuada por la secretaria mientras el sospechoso supuestamente la atacaba. Arno está más que complicado en la causa: además del dinero que se le secuestró escondido (en el bar y en una cuenta bancaria), fue señalado de forma tajante, días atrás, en rueda de reconocimiento de personas y, además, se estableció que desde su teléfono personal se efectuó la llamada a la empleada, momentos antes del golpe comando, pidiéndole que se quedara un rato más. Además, aparecería en una de las filmaciones de las cámaras de seguridad.La sospecha de los investigadores es que el robo sería una venganza por el despido, ocurrido meses antes. 300 mil pesos El 27 de agosto a la noche, un hombre bien vestido golpeó la puerta de la oficina administrativa del sanatorio y, tal como había adelantado por teléfono momentos antes, se presentó como un proveedor externo. Cuando la joven se distrajo, el individuo extrajo un arma y la amenazó. En segundos, terminó atada y maniatada.El ladrón se tomó su tiempo para revolver la habitación y apoderarse de 300 mil pesos que había en un cofre oculto. Pocos sabían de ese dinero y del lugar donde estaba guardado.El delincuente se marchó. Dejó a la chica atada y encerrada en el baño. A pesar de que en el centro de salud había personal de seguridad, nadie se dio cuenta de lo que había sucedido. Recién el martes siguiente, con la llegada de otros empleados de administración, la joven fue rescatada. Se descompensó y sufrió un ataque de nervios.Cuando se recompuso, pudo declarar. "El tipo hablaba bien, estaba bien vestido y se movía como si conociera el lugar", dijo. Y añadió: "Alcancé a morderlo en una mano". Los pesquisas se miraron entre sí: el ladrón conocía el sitio y se movió con naturalidad. Fue entonces que se decidió investigar a proveedores y personal despedido. Alguien del mismo sanatorio nombró a Arno. Fue así que hacia él se orientaron las pesquisas. La pisada en la silla Una comisión de Robos y Hurtos lo ubicó en un bar que sería de su propiedad en Deán Funes 301, a pocas cuadras de su departamento, en el Centro. El hombre, según los investigadores, tenía una lastimadura en una de sus manos, compatible con una mordida.La pesquisa se acentuó y, con un par de pruebas más en su escritorio (como testimoniales y cruces telefónicos), el fiscal Guillermo González ordenó dos allanamientos: en su departamento de calle Rivadavia y en el bar. Fue en este comercio donde los policías darían el gran paso. Al revisar el baño, vieron una silla con una pisada y a uno se le ocurrió revisar el cielo raso. Así descubrió un bolso con 172 mil pesos y una boleta de un depósito en un banco por 20 mil pesos. Los 100 mil pesos restantes no fueron hallados. En ámbitos de la causa no se descarta que pueda haber más sorpresas. Es que el asalto fue demasiado llamativo.