Mónica estaba enterrada en lo de su amigo
La mujer, desaparecida desde 2011, fue hallada ayer en un pozo en una casa de Colanchanga, cerca de Río Ceballos. El dueño de la vivienda, enamorado de ella, está preso por homicidio. Video.
Setecientos once días después, el misterio parece haber llegado a su fin. El cadáver de Mónica del Valle Molina, una mujer de 48 años que estaba desaparecida desde el 4 de agosto de 2011 en Córdoba, fue hallada enterrada en un pozo en una vivienda de Colanchanga, una población ubicada a casi tres kilómetros de la ciudad de Río Ceballos.
En un extremo del amplio terreno, a varios metros de profundidad, bajo árboles autóctonos, piedras y un manso arroyo, encuadrado en un paisaje serrano de ensueño, estaba el cadáver. Los huesos tenían jirones de ropa y no se observaban a simple vista rastros que hagan presumir cómo fue asesinada.
Tanto la fiscal Liliana Copello como los investigadores policiales están convencidos de que es efectivamente Mónica. ¿Cómo lo saben? Por la dentadura, que sería postiza. De todos modos, un examen de ADN terminará por confirmar todo.
Por el caso, hasta ayer uno de los grandes misterios irresueltos de los últimos años para la Policía de Córdoba, permanecen detenidos dos hombres. Uno de ellos es pieza fundamental: el dueño de la casa, un albañil de apellido Herrera (de 50 años), quien estaba enamorado de “Moni”. Era su “amigo íntimo”, dijeron altas fuentes del caso. El otro sospechoso es un amigo y compañero de trabajo de este.
Ambos están presos en la Cárcel de Bouwer, imputados por homicidio simple. El “amigo íntimo” figura como supuesto autor; el otro como partícipe secundario. La presunción de los investigadores es que el primero la habría matado y, con ayuda del restante sospechoso, la habrían enterrado aprovechando que la casa está en un sitio perdido de Sierras Chicas, a tres kilómetros del dique La Quebrada, bien lejos de la mirada de cualquier curioso.
Mónica estaba casada, era madre de tres hijos y se ganaba la vida como empleada doméstica. Vivía en una modesta casa de barrio Empalme, en la Capital. La mujer estaba desaparecida desde la noche del 4 de agosto de 2011, cuando fue a visitar a su padre en Villa Allende. De vuelta a su hogar, envió un mensaje de texto a su esposo: “Poné la comida para las 23 que a esa hora llego”. Mónica nunca arribó. La muerte la esperaba esa misma noche.
Si bien la búsqueda del cadáver fue anticipada por La Voz del Interior en la edición de ayer, se confirmó que los dos hombres permanecían demorados desde el viernes anterior, luego de que los pesquisas del Departamento Homicidios recogieran pruebas y testimonios comprometedores y convincentes para la fiscal. Sin embargo, el gran problema para los pesquisas era que no se hallaba el cuerpo. Se hicieron diversas excavaciones en domicilios, pero no se localizaba nada. Una versión no confirmada es que el albañil Herrera se habría “quebrado” ante los policías y habría confesado dónde estaba enterrado el cuerpo.
Ayer al mediodía, bomberos del Grupo Especial de Salvamento (GES) y policías volvieron al domicilio del principal acusado. Tras inspeccionar el enorme terreno, empezaron a cavar otra vez. Así fue que finalmente hallaron un cráneo enterrado a varios metros. Luego, desmembrado, estaba el resto del cuerpo. Fuentes del caso indicaron que la víctima no fue descuartizada, sino que la acción del tiempo había desmembrado ciertos miembros. Tenía restos de prendas, pero no está confirmado si eran las que llevaba cuando desapareció (jeans, campera negra y zapatillas).
No se sabe cómo fue muerta. Sin embargo, la imputación de homicidio simple, por parte de la fiscal, da la pauta de que le quitaron la vida de modo violento. ¿Golpe en la cabeza? ¿Un disparo? ¿Ahorcada? No se sabe.
¿Cuál sería el móvil del crimen? “Es un triángulo amoroso”, se atrevió a decir ayer una fuente. “Sabemos que el detenido la amaba, estaba detrás de ella”, dijo otro vocero.
Anoche, entre tanto dolor y conmoción, su familia comenzó a sentir cierto alivio. Mónica dejó de ser un fantasma.
¿Y los otros huesos? En julio de 2012, en el marco de la búsqueda de Mónica, se hallaron restos humanos en dos bolsas y enterrados a la salida de Arroyito. Todos creyeron que eran de "Moni", pero no. El ADN confirmó que eran de otra mujer.
En video. El lugar del hallazgo.

