Mientras tanto, la violencia continúa
Los homicidios continúan trepando de la mano de la escalada de episodios violentos relacionados con el narco y microtráfico de drogas.
“En los barrios, es más fácil para un chico conseguir un arma antes que trabajo”.
El periodista y escritor rosarino Carlos del Frade, que estuvo en Córdoba el martes para dar una charla sobre narcotráfico, usó esas palabras y fue contundente al describir lo que ocurre en muchos sectores y barrios de su ciudad y de Córdoba.
Dos urbes en las que los homicidios continúan trepando de la mano de un mismo fenómeno: la escalada de episodios violentos relacionados con el narco y microtráfico de cocaína, marihuana y pastillas.
El domicilio de Malvinas Argentinas donde ayer fue asesinado Darío Carranza forma parte de la estructura “típica” de los que hoy sobreviven vendiendo drogas a través de la ventana de su casa.
Una vivienda humilde y sencilla, en la que no sobra nada, emplazada en un contexto similar, habitada por parejas jóvenes con hijos pequeños.
Si ahondamos en la historia particular de Carranza, seguramente se podrá decir que no tenía el ciclo básico de educación completo y que tampoco aparecía con un trabajo formal.
El mismo currículum de aquellos que hoy aparecen como la mayoría de los perseguidos por la Policía y la Justicia en lo que respecta al tráfico de drogas.
Marihuana, papeles de seda y una licuadora con restos de la droga hacen pensar que la única manera de generar ingresos que tenía Carranza era con la venta de “porros”. De allí, se supone que el dinero que los asesinos buscaban era el obtenido por la venta de estupefacientes.
Sus asesinos fueron a ejecutarlo. Entre tres y cinco personas encapuchadas y armadas coparon la pequeña casa de Malvinas Argentinas y no se llevaron nada de lo poco de valor que podrían haber encontrado. Pedían “el dinero”. Una deuda o un “peaje”.
En lo que va del año, se han registrado 45 homicidios vinculados con episodios de violencia urbana (peleas, ajustes de cuenta), en los que las víctimas conocían de antes a sus victimarios.
En 31 de estos casos, las víctimas fatales tenían menos de 30 años.
En por lo menos 26 de los 45 asesinatos, se presume que la droga aparece como trasfondo, como desencadenante del crimen o como un aditivo más en un contexto que desde hace tiempo se ha tornado complicado.
Siete de estos asesinatos ocurrieron desde el 26 de septiembre hasta ayer, lapso en el que la Dirección General de Lucha Contra el Narcotráfico prácticamente no ha realizado operativos, mientras busca reordenarse tras el escándalo que ya tiene a seis de sus efectivos en la cárcel de Bouwer.

