Los riesgos de un mes plagado de festejos
Hace algunos años, con cierta resignación, una ex directora del Urgencias le decía a un periodista de este diario que cada mes de diciembre el hospital se prepara para trabajar a tiempo completo. Juan Carlos Carranza.
Hace algunos años, con cierta resignación, una ex directora del Urgencias le decía a un periodista de este diario que cada mes de diciembre el hospital se prepara para trabajar a tiempo completo. Diciembre es el mes por excelencia de los festejos: hay que despedir el año con amigos, con compañeros de trabajo, con los padres de los compañeros de nuestros hijos; hay que celebrar Navidad y Año Nuevo en familia; brindar en las colaciones de grados, en las fiestas por las bodas de plata o bodas de oro de egresados del secundario... y un largo etcétera.Lo que tienen en común todos estos festejos es la gran ingesta de alcohol y, además, su extensión: en general, duran hasta altas horas de la madrugada o hasta que el Sol despunte en el horizonte.En ese marco, el Hospital de Urgencias se prepara para atender a las víctimas de los accidentes de tránsito y los intoxicados con alcohol o comida, entre otros rubros.Frente a esa realidad, el Estado puede intentar minimizar los efectos secundarios de estos festejos con controles de alcoholemia y de tránsito en las horas de mayor riesgo. Pero es evidente que no puede estar en todos lados.La toma de conciencia, cierta mesura, la utilización de la figura del conductor asignado (todos roles difíciles de asumir en las fiestas, está claro) siguen siendo algunos de los antídotos para que diciembre sea sólo el mes de los festejos.

