Los dos meses más largos de 2010
Los familiares de los obreros a punto de ser rescatados cuentan cómo han sido estos 67 días de espera. Revelan que hay medios de comunicación que les ofrecen dinero para entrevistar a sus allegados. Video.
Enviado especial
Alicia Campos está cansada. De esperar y de atender al enjambre de periodistas que ha transformado el campamento Esperanza en una ciudadela políglota. “Todos vienen a preguntar lo mismo, uno tras otro, quieren saber cómo va a ser el día después de mi hijo, pero a eso sólo lo sabe él”, cuenta.
Alicia es madre de Daniel Campos (27), uno de los 33 mineros atrapados desde hace 67 días en las profundidades del cerro de la mina San José, en el norte chileno. La mujer ya no quiere dar entrevistas, ni que le saquen fotos. Asegura que nadie quiere escuchar, que todos buscan sólo un par de frases. Por eso, invita a la charla, no a una entrevista. Y tiene mucho que contar. Dejó su pueblo, ubicado en la sexta región de Chile, a más de mil kilómetros del desierto de Atacama y el lunes 27 de agosto se instaló a vivir en la mina. "En casa dejé a mi hermana y a mis otros hijos, les dije que se las arreglaran, que yo me iba para traer de vuelta a Daniel", cuenta. Nunca perdió la calma ni se suma ahora a la ola mediática de algunos familiares de los obreros sepultados."El sábado vinieron los organizadores del campamento para decirnos que nos llevaban a las mujeres a Copiapó –a 40 kilómetros de la mina–, a una peluquería, para que nos pusiéramos lindas para recibir a los 'chicos' (se refiere a los mineros), pero yo no voy a ir; me podría arreglar las uñas de los pies, eso sí, pero no voy a ir a una peluquería, yo quiero que mi hijo me vea tal cual me vio por última vez, porque esa soy yo".Mientras dialoga, Alicia se rasca los brazos. La dureza del clima, en pleno desierto, con un sol pegadizo durante el día y una temperatura muy baja al caer la tarde, ha hecho mella en su piel. ¿Algún tratamiento? "Sí, me rasco donde me pica".La mujer asegura que lo que tiene es tiempo. Paciencia, para esperar a su hijo una vez afuera, sin demasiadas preguntas, que él se suelte cuando lo crea necesario. "Algunas familias están diciendo que van a ofrecer grandes banquetes para cuando salgan, pero yo no", se diferencia otra vez. "Sólo –añade– voy a pedir en la Iglesia que den gracias porque pudieron salir bien; al resto, lo decidirá él"."Él ya no será el mismo, y ninguno de los mineros. Sólo ellos saben por lo que han pasado ahí abajo, con 17 días en los que tuvieron la muerte al lado, sin saber si los estaban buscando o no", señala.Daniel hacía casi tres años que trabajaba en la mina. Su madre aclara que en realidad él no es un minero, sino que era chofer de las máquinas. Si al salir quiere o no volver a trabajar en el estómago de un cerro, es una decisión que sólo él tomará y que su madre no piensa influenciar. El respeto por el futuro de su hijo sobresale a lo largo de la conversación. Cuenta que muchos medios están ofreciendo jugosas ofertas económicas para entrevistar en exclusiva a los mineros cuando sean rescatados (algunas incluyen llevarlos a cabañas), pero que ella ya desechó todo. No quiere que lo que ellos han sufrido sea vendido.Su fe en Dios es la guía en su conducta. "Lo que pasó nos tiene que enseñar a ser solidarios, a querer, a amar; es un milagro en el que tenemos que ver qué enseñanza nos deja, para qué ha sido todo esto", apunta y reflexiona: "Acá, estoy segura, hay varios de los atrapados que esa mañana se fueron de su casa enojados con la mujer, o con los padres, sin saludar, y se chocaron con todo esto; tiene que servirnos a todos para darnos cuenta de lo que es importante, he visto en estos días que han venido mujeres que están separadas, y que a pesar de todo, no dejan a los chicos hablar con su padre atrapado... si esto no los hizo cambiar, no sé...". Papá de estreno. Otra mujer que tiene sensaciones encontradas es Antonia, la madre del minero Richard Villarroel (26). El miércoles, día en el que está previsto el histórico rescate, tiene fecha de parto la mujer del minero, que está a punto de dar a luz a Richard Fernando, el primer hijo del obrero. "Será un parto doble", se entusiasma Antonia. El joven quedó atrapado de casualidad. Es mecánico y justo momentos antes de que se derrumbara la boca del cerro, aquel 5 de agosto, había tenido que sumergirse en el interior de la mina para un arreglo. Hacía cuatro meses que había empezado a trabajar allí, y parece que serán los últimos. Ya avisó a su madre que cuando regrese a la superficie, se dedicará a la panadería. Ayer, Richard dijo, por teleconferencia, que estaba ansioso por salir y también algo preocupado, porque la montaña había temblado una vez más.

