Las claves que dejó el juicio por Facundo Rivera Alegre
A tres años y medio de la desaparición, para la Justicia no hay dudas de que lo mataron cuando fue a comprar cocaína por encargo.
Tres años, seis meses y 11 días. O, 1.288 días. Este es el tiempo que ha trascurrido desde la desaparición, allá en la madrugada del 19 de febrero de 2012, de Facundo Rivera Alegre, el joven de 19 años que quedará grabado en la sociedad cordobesa como "el Rubio del Pasaje". Suficiente tiempo para que alrededor de su desaparición se tejieran todo tipo de suposiciones y se especulara en demasía.Un caso que su madre, Viviana Alegre, denunció desde un primer momento como un episodio de abuso policial, hipótesis que jamás encontró asidero en la Justicia provincial.Un expediente que el viernes último tuvo un sello fuerte en la Cámara 11° del Crimen de la ciudad de Córdoba, en Tribunales II, donde los jueces dictaminaron que Facundo había sido asesinado y cremado en medio de un ajuste de cuentas vinculado al narcotráfico.En todo estos años, demasiado se dijo, se escuchó y se escribió sobre el caso.Hoy, con el juicio ya finalizado, es posible aclarar varios puntos clave que rodearon a este homicidio. Un crimen ligado al submundo de la noche y el microtráfico de drogas en la Capital provincial.1. El baile A través de numerosos testigos que lo acompañaron y de filmaciones, se sabe que Facundo fue al baile de Damián Córdoba la madrugada del 19 de febrero de 2012, en el Estadio del Centro, a pocas cuadras de la Jefatura de Policía. Salió acompañado de varios amigos, pasadas las 5, borracho, rumbo a la parada de colectivos de avenida Colón. Cerca de las 6 (minutos antes, minutos después) subió al colectivo de la entonces línea E2, pasó por barrio General Paz, donde solía bajar para ir a su casa, pero esta vez no lo hizo, y llegó a Maldonado, donde descendió.Fue hasta el domicilio de una familia conocida en la zona como "los Colela". Se encontró con Pablo Rearte (de entonces 28 años), su hermano "Pato" Rearte, y Kevin, un menor que tenía 15 años. Allí discutieron a raíz de una transa por droga. El menor sacó el arma repentinamente, de la cintura de "Pato", y le efectuó un disparo en la frente al "Rubio", que era sostenido de atrás por Pablo. El impacto le voló la gorra.Todo esto quedó asentado en la instrucción de la causa, que llevó adelante el hoy fiscal General de la Provincia, Alejandro Moyano. Y volvió a ser confirmado ahora por la Cámara 11° del Crimen.Por reconstrucción de una testigo clave que concurrió al juicio bajo estrictas medidas de seguridad, se cree que "el Rubio" cayó al piso donde pronto se formó un charco de sangre. Inmediatamente fue levantado por los "Colela" –los brazos le colgaban, sin tonicidad– y lo cargaron en un Ford Fiesta. En ese auto, nueve meses después, se realizó la prueba química de luminol (busca rastros borrados de sangre) y dio positivo.La personalidad de Kevin señala que era muy violento, impulsivo e intemperante. Ejercía violencia física sobre su madre, con su pareja embarazada y también era cruel con animales.La muerte de Facundo se daría por descontada a partir del relato de testigos, por el carácter lesivo que tiene un disparo de 9 milímetros en la frente, por la sangre derramada y porque no se constata que haya sido llevado a ningún sanatorio. Además, luego de tres años y medio de búsqueda, no se han hallado señales de vida.La autopsia psicológica de Facundo sostiene que no tenía un perfil suicida y que era consumidor de droga.Luis Alberto "Chatrán" Olivera, otro testigo, declaró que días antes de la desaparición vio en la puerta del boliche "La Morocha" al "Rubio" con "el Tartamudo" (Pablo) y Kevin y que el primero "le metía el pecho" a Facundo y le hablaba fuerte, mientras este último bajaba la cabeza.Alberto Antonio Gerbaldo, padrino de Pablo Rearte, acotó durante el proceso judicial que un día estaba con "la Colela" (María del Carmen Rearte, la madre de Pablo) en su casa y vio entrar al "Rubio" para comprar droga. Pese al parentesco y la relación afectiva, el testigo se mantuvo en sus dichos.2. La cremación Sobre la búsqueda del cadáver, según el expediente, no hubo tierra sin remover en toda la zona. Para el fiscal Albornoz, se dio por probado que el cuerpo fue cremado de manera ilegal. En el cementerio San Vicente existían numerosas irregularidades y el manejo de los cuerpos y su quema no era rigurosa. No obstante, durante el juicio no se probó la conducta efectiva del ahora exempleado municipal Aldo Monje, que estaba señalado como el responsable de haber incinerado el cadáver. En la pista de la cremación, aparece un testigo que señaló que Pablo Rearte dijo que iban a hablar con el responsable del manejo del horno, un hombre conocido como "Munín" Romero.Monje llegó al juicio con la "probabilidad" de haber cremado el cuerpo y no se llegó al grado de certeza. Resultó beneficiado por la duda insuperable.Llamó la atención que había ingresado como empleado municipal en 2007, pese a que prácticamente no sabía leer ni escribir.En su alegato, el fiscal de Cámara Diego Albornoz resaltó que no podía pensar que Monje hubiera quemado "solo" el cadáver, ya que el funcionamiento del horno del cementerio necesitaba de alguna logística.3. La pista policial Luego del debate, por el análisis del expediente no surge confirmación alguna de la llamada "pista policial". En todo el trayecto entre el baile y barrio Maldonado, Facundo estuvo acompañado de amigos y no se verifica que haya sido abordado por uniformados.Una testigo que era amiga de Viviana Alegre –Jésica Granero Mora– declaró que la madre de Facundo le pidió que declarara en contra de la Policía sobre malos tratos hacia su hijo. Como ella se negó, se distanciaron. Luego, le pidió disculpas y retomaron la relación. Ella mantuvo sus dichos.Un correo electrónico anónimo llegó a Viviana señalando que varios policías habían castigado a Facundo en calle Avellaneda, cerca de la plaza Colón, aquella madrugada de febrero. Se investigó ese e-mail y se ubicó a la joven autora, que terminó confesando que había mentido.Respecto de que un patrullero cargó el cuerpo de Facundo, una vez que lo habían asesinado en Maldonado, los testigos convocados refirieron que lo habían escuchado en el barrio, pero ninguno lo había visto.Viviana Alegre, que aseguraba que ella nunca había ido a lo de "los Colela", también fue desmentida por una testigo que dijo haberla acompañado hasta la casa de barrio Maldonado.4. La droga en la noche A pesar de su declaración en la que desmintió todo, el acordeonista Luciano Calderón, que integra la banda de cuarteto de Damián Córdoba, sí tenía una relación aceitada con "el Rubio del Pasaje". Por numerosos testimonios se supo que se conocían, que el músico hacía entrar gratis a Facundo a los bailes, que se reunían en el camarín, que el joven salía con dinero, que el músico le pedía que fuera a comprarle droga y que algunas veces hasta utilizaba para ir a buscar la droga el remise trucho de Calderón. El músico, se lee en el expediente y se oyó en el juicio, tenía el número de celular de Facundo y que la tarea que antes hacía la víctima más tarde le fue asignada a otro joven.Del análisis de los mensajes de texto se deduce que Facundo tenía una relación virtual con una chica de Tucumán y que el día que desapareció iba a viajar a esa provincia con la banda de Damián Córdoba. Para que pudiera subir al ómnibus del grupo, Calderón le impuso dos condiciones a Facundo: que estuviera sobrio y que le llevara 50 gramos de cocaína.Resulta significativo lo que declaró el custodio de la banda, el policía Gustavo Marsili, conocido por todos como "el Palomo". Señaló que el padre de Damián Córdoba, Jacinto o "el Coco", que manejaba la agrupación, tras la desaparición del joven reunió a los integrantes de la banda de cuarteto y les dijo que "todos sabían lo que pasó con ese chico desaparecido". El custodio agregó que el padre de Damián advirtió que, en adelante, "nadie iba a la Jefatura de Policía solo; que cada vez que citaban a uno iban a ir todos, que de ahí no salía nada, que no se diera ninguna información a nadie... insistiendo mucho en ello".Según el expediente, el testigo agregó que una vez que se dispersaron de la reunión, Jacinto "se dirigió a otros cuatro sujetos que estaban en la parte trasera (grupito al que le dicen 'el grupo de la muerte', formado por Calderón, Ortega, Rufino y 'el Hurón'), y el Coco les gritó: 'Aquél que quiera la gilada (por la droga), que cada uno se encargue de lo suyo, porque cualquier cosa que pase lo va a perjudicar a mi hijo'".

