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Las casas, otro de los objetivos de las bandas criminales

En distintos barrios, las organizaciones dedicadas al microtráfico de drogas se quedan con las viviendas de algunas familias a las que obligan a marcharse. Un crimen en Villa Martínez tendría este trasfondo.

21 de junio de 2015 a las 12:01 a. m.
Las casas, otro de los objetivos de las bandas criminales
Sospecha. El crimen de una joven en Villa Martínez, al oeste de la ciudad de Córdoba, sería la derivación de una larga disputa que tenía a una humilde vivienda como uno de los objetivos, según explicó un familiar de la víctima fatal (Raimundo Viñ

"Estamos en un caso patente del drama social del narcotráfico, que repercute estructuralmente en nuestra sociedad, sobre todo en los lugares más vulnerables. De a poco se ha ido tornando más palpable la instauración de una 'parasociedad' en la que 'narcos', dealers y consumidores montan una economía paralela en la que arreglan sus cuentas lejos de las autoridades". En un fallo conocido semanas atrás en un caso de violencia urbana ocurrido en barrio Yapeyú, la jueza de la Cámara Tercera del Crimen de la ciudad de Córdoba, María Ángeles Palacio de Arato, advirtió sobre un nuevo orden social cada vez más visible en distintos puntos de la capital provincial.La jueza señaló que las redes de narcos y dealers estaban construyendo una sociedad y una economía paralelas, en las que se resuelve todo a la par de las autoridades. .......................................................El drama cotidiano de esta "parasociedad" muestra diversas caras. Rostros que pocas veces terminan por volcarse en un expediente judicial, pero que en los barrios cordobeses nadie duda en señalarlos.El lunes último a las 15, Cintia Alive (23) fue atacada a tiros cuando ingresaba en su humilde casa de barrio Villa Martínez, en pasaje Necuñan (a la altura de aviador Valenti al 1000), al oeste de la ciudad de Córdoba, de la mano de su pequeña hija de 5 años.Un balazo le atravesó la cabeza y horas después murió en el Hospital de Urgencias."Fue un asunto por unas ropas", intentó explicar, sin convencerse, un jefe policial.Sin embargo, desde el entorno de Alive confiaron a La Voz del Interior que en realidad se trató de una disputa mucho más profunda y que reconoce sus raíces en este nuevo entramado social que emerge de la mano del microtráfico en los barrios de la ciudad."La mataron porque le decían que se tenía que ir de esa casa y ella no quería", asegura una persona que accedió a hablar con este diario con reserva de su identidad.El código del silencio, cocinado al calor del miedo, es difícil de franquear. Las represalias asoman como cada vez más letales.Alive ya había peleado días atrás con una joven de 29 años que desde el mismo lunes está detenida por el homicidio.En aquella primera disputa, terminó muy golpeada, pero logró quitarle el arma a su contrincante.Días después, la atacante regresó en moto con un muchacho que supo ser muy amigo de Alive. "Era un 'perro', y le dijeron que la tenía que matar", se despacha el informante."Perro" es aquella persona que obedece órdenes de otra ubicada en un escalón superior de una organización delictiva, por más precaria que sea esta banda.Lo concreto es que el muchacho –hoy prófugo– le disparó desde corta distancia en la cabeza. Techo peligroso Aunque no se puede generalizar sobre esta sucesión de casos, tampoco corresponde reducirlos a meras excepciones. Villa Martínez, Marqués Anexo y Yapeyú son algunos de los barrios cordobeses cooptados por el microtráfico y el acceso fácil a las armas de fuego en los que este diario pudo constatar que los domicilios son objeto de una disputa intensa.Familias que deben abandonar sus hogares por presión de los traficantes que monopolizan los territorios y se quedan con estas viviendas para destinarlas a sus nuevos "perros".En Marqués Anexo, ubicado al norte de la ciudad de Córdoba, los vecinos no dudan en señalar esta dinámica detectada en el interior de Ramal Sur y en villa El Nailon, dos de los límites interiores de este barrio que tiene un alto índice de violencia urbana."Si querés pertenecer al lugar, ellos (por los traficantes) te dan un apoyo logístico. Si no, se te pone áspero, te meten presión y te tenés que ir", cuenta un hombre que desde hace años camina el barrio.Asegura que conoce al menos dos casos, en Ramal Sur y otro más en la villa, en los que las familias debieron dejar sus casas y marcharse.Y describe cómo operan estas bandas para controlar los sectores internos: "Si una mujer con hijos chicos se separó, o si le metieron preso al marido y se quedó sin soporte económico, ellos (las bandas) le dan una mano, pero a partir de ahí quedan como los 'padrinos'. Es como que le dicen: 'No te olvidés que a la casa te la banco yo'".A partir de entonces, obligan a los "ahijados" a guardar droga o armas, o les imponen otros mandatos delictivos.En caso de no aceptar, con amenazas los obligan a irse de allí."Y después seleccionan quiénes pueden ir a vivir a esas casas que se apropiaron", resume el hombre.Para él, estas organizaciones funcionan como una red."Conocen los problemas de cada familia y se aprovechan. Primero las ayudan, pero después comienzan a exigirles cada vez más", cuenta.Para el resto de los vecinos que no quieren plegarse a estas presiones, el camino es difícil.Se turnan entre los miembros de las familias para no dejar las viviendas solas, ya que corren el riesgo de que los saqueen varias veces hasta que, quebrados por el hartazgo, opten por nuevos horizontes. Cuadras enteras Al este de la capital provincial, en Yapeyú, Ampliación Yapeyú, Bajo Yapeyú y sectores aledaños a la última parte de la Costanera, el relato es similar. "Ganaron los que venden drogas. Ellos se quedaron en su territorio, nunca los persiguieron, no les hicieron nada. Ellos compran casas, tienen camionetas 4x4, tienen gente que trabajan para ellos, son Pyme lideradas por tipos sin trabajo que usan a los chicos y a los adolescentes que no estudian y están desocupados".En septiembre de 2013, Mónica Torres terminó su calvario con un gesto de resignación.Se trata de la mujer que desde 2011 vivía casi encerrada en su casa de Yapeyú, luego de haber denunciado a los que vendían drogas al menudeo cerca de su casa de calle Cabeza de Tigre, en Ampliación Yapeyú, cansada de que los compradores intentaran robarle a ella, sin que la Justicia provincial jamás avanzara en estas causas.Incluso desde años antes, Torres ya era blanco constante de los delincuentes, que atacaban su vivienda con el único objetivo de que se fuera.Quedó obligada a vivir con una custodia policial permanente, tanto frente a su casa como cuando quería ir a hacer alguna compra.En medio de tantas presiones, en octubre de 2012 arregló con un traficante para venderle su casa por una suma muy inferior al valor oficial.Sin embargo, a último momento el comprador hizo marcha atrás.Un hermano lo secuestró para quedarse con el dinero de esa transacción, en lo que trascendió como un "narcosecuestro" más en la ciudad de Córdoba.Torres perdió su trabajo, la tranquilidad, la salud y al final, en septiembre de 2013, se marchó a otra parte de la ciudad tras malvender una casa por la que había pagado durante 30 años.Cuando sus cuatro hijos eran muy pequeños y ella acababa de quedarse sola, una vecina que durante años vendió droga a gran escala la tentó para que se sumergiera en este submundo delictivo.Torres se negó y varios años después terminó por pagar aquel rechazo. Sin "protección", quedó a merced de los traficantes y delincuentes.Hoy, en Yapeyú, otros vecinos recuerdan a ella y a varios más que huyeron a la fuerza. Enumeran tres cuadras de esas barriadas en las que la mayoría de las casas fueron tomadas por distintos traficantes que operaron con la misma modalidad. Apenas sus moradores quedaron solos (mujeres que enviudaron) o aparecieron nuevos inquilinos, se ejecutaron violentos asaltos que terminaron por quebrantarlos no sólo por los golpes, sino también en lo psicológico.Incluso, hubo mujeres mayores que decidieron marcharse luego de que les quemaran la puerta de ingreso. Vendieron sus viviendas por pocos pesos o directamente dejaron que fueran usurpadas.Las casas como botín, otra muestra de una dinámica social invisible que, en distintos barrios, se sufre en silencio.