La raíz profunda detrás de los gestos
El rápido acceso a Frontera, una ciudad sitiada por el crimen organizado, hace que San Francisco se haya convertido en un lugar apetecible para los traficantes. Junto con el interés, creció la connivencia con policías.
"Felicitaciones al fiscal antinarcotráfico de la ciudad de San Francisco y a los policías que investigaron y detuvieron a esos narcopolicías”.
Este mensaje se publicó ayer después de las 13 en la cuenta oficial de la red social Twitter del gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota.
A diferencia de lo ocurrido hace 15 meses, cuando estalló lo que luego se conocería de manera pública como el “narcoescándalo” y que derivó en la prisión para varios policías de Drogas Peligrosas de la Jefatura de Córdoba acusados de graves delitos, esta vez el Gobierno eligió reaccionar rápido y sobreactuar la respuesta.
Lejos de buscar culpas en otras partes e intentar morigerar las sospechas que había sobre los efectivos, como ocurrió en septiembre de 2013, ahora desde la Provincia se avaló desde un principio el trabajo del fiscal de San Francisco Bernardo Alberione. También hubo un respaldo explícito del Ministerio Público Fiscal y todos se encargaron de resaltar que fueron los propios colegas de los sospechosos los que terminaron por detenerlos.
Incluso, el jefe de Investigaciones Criminales de la Policía, comisario general Miguel Ángel Oliva, apareció por sorpresa al lado del fiscal en medio de una conferencia de prensa realizada ayer a la mañana.
“Estamos contentos porque se ha sacado de circulación a dos policías que estaban infringiendo la ley”, dijo el jefe policial intentando trocar en una buena noticia lo que significa otro golpe interno a la fuerza.
Pero más allá de estos gestos elaborados sobre la marcha de los acontecimientos, lo ocurrido en San Francisco tiene un contexto mucho más profundo.
Hace un año, el 9 de enero de 2014, en las páginas de este diario informábamos de otra investigación sugestiva: efectivos de la Departamental San Justo habían quedado en la mira del fiscal Alberione luego de que un ayudante fiscal de Morteros denunciara que le habían “plantado” un paquete “extraño” en su oficina.
Se trataba de más de 100 gramos de marihuana con la que alguien había intentado dejar fuera de circulación al funcionario judicial.
Pero desde antes se libra en la Departamental San Justo de la Policía una guerra fría entre efectivos policiales. El rápido acceso a la localidad de Frontera, Santa Fe, una ciudad sitiada por el crimen organizado, hace que San Francisco se haya convertido en un lugar apetecible para los narcotraficantes.
Junto con el interés de ello, creció la connivencia con policías y las intrigas puertas adentro de la fuerza, con acusaciones cruzadas, operaciones encontradas y demasiadas declaraciones en las que importa más no lo que se dice, sino lo que se encubre.
Del otro lado del límite, en Frontera, ya hubo cuatro cambios en la comisaría en pocos meses.
En septiembre último, un alto comisario de San Francisco, Jorge Bertello, fue licenciado luego de ser denunciado por su superior. Al parecer, se le cobraba a la fuerza una alta suma de dinero para nafta de vehículos que hace tiempo quedaron fuera de servicio.
Bertello hoy está trabajando en Río Primero.
Al mismo tiempo, desconocidos intentaron violentar la puerta de ingreso a las oficinas de la división Drogas Peligrosas que funcionan en el mismo inmueble de la comisaría de la ciudad.
Mientras la raíz de la corrupción en la Policía continúa floreciendo de manera periódica, a nivel provincial se sigue postergando la anunciada Policía Antinarcóticos de Córdoba, que por estas horas no tiene fecha ni plan de inicio cierto.

