La peor de las resignaciones
Un axioma que suelen repetir los especialistas en crimen organizado reza que detrás de la proliferación del narcotráfico o de la trata de personas siempre debe existir (pasiva o activa) complicidad política y policial. Juan Federico.
"Hoy, me acostumbré al maltrato", responde, cuando se le pregunta cómo puede vivir así. Mónica Torres es el sostén del hogar y casi en soledad crió a sus cuatro hijos, hoy adultos. Con ella, aún viven una joven de 19 años y un varón de 32. A su pesar, decidió poner la casa en venta, pero no recibe ofertas que le permitan vivir en otra parte. El relato de Mónica y algunos de sus vecinos es el mismo que se puede escuchar en varios puntos de la ciudad de Córdoba. Barrios, sectores enteros que poco a poco, en los últimos años, se fueron acostumbrando, a la fuerza, a convivir bajo el código del hampa, del "narco". Es mejor, dicen, ser ciegos, sordos y mudos ante las "transas" de drogas y objetos robados que pueden ver a cualquier hora del día. "No te metas", resumen, mientras el dealer del frente, otro pobre desesperado, le vende por la ventana un papel con algunos gramos de cocaína berreta a un pibe. Detrás de todo este deterioro social, están, aunque nunca aparezcan, los verdaderos responsables. Aquellos que se llenan los bolsillos, los llamados "narcos gordos", que en los banquillos de los acusados y en los expedientes judiciales por lo general nunca están. Mónica hoy piensa, al igual que muchísimos vecinos de la ciudad, que el "narco" ganó la batalla. Y que la Policía es socia de este, por acción o por omisión. Son coincidentes los relatos que involucran a móviles frente a la casa de los dealers o sobre sospechosas mudanzas que los "narcos" realizan minutos antes de un allanamiento que luego se contentará con el "hallazgo" de sólo un par de gomas robadas.Un axioma que suelen repetir los especialistas en crimen organizado reza que detrás de la proliferación del narcotráfico o de la trata de personas siempre debe existir (pasiva o activa) complicidad política y policial. Córdoba hoy parece haber reaccionado, por lo menos en la letra de las leyes, para intentar combatir ambos flagelos. Pero nada se ha estipulado para cambiar o capacitar a una fuerza de seguridad que, en boca de los propios vecinos de la ciudad, aparece como parte del problema.

