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La fuga de Luzi y los cómplices, impunes

La causa por la evasión prescribió por el paso del tiempo. Nunca se llegó a determinar cuánto se pagó de coimas, ni se encontró a los eventuales ideólogos. Gráfico: así fue la fuga de Luzi de Bowuer.

01 de septiembre de 2014 a las 12:01 a. m.
La fuga de Luzi y los cómplices, impunes
(La Voz/Archivo).

El hombre se sabía perdido. Las pruebas por un secuestro extorsivo, uno más en su carrera delictiva, lo tenían contra las cuerdas de una segura condena. Y empezó a tramar el escape y a recibir apoyo externo. O un helicóptero aterrizaba en el patio del penal; o limaba los barrotes de su celda y escapaba por las alcantarillas de las cloacas; o tramaba, con complicidad de guardiacárceles –dinero de por medio aportado vaya a saber uno por quién–, un escape por la puerta principal de la cárcel. Finalmente, Martín Ernesto Luzi eligió lo último.

El plan de fuga, que llevaba al menos seis meses de preparación, había llegado a oídos de los jueces que iban a juzgarlo, en cinco días, por el secuestro del empresario Marcelo Dezotti. Y así se lo hicieron saber a las autoridades del Servicio Penitenciario de Córdoba (SPC), con la exigencia de que se extremara la seguridad. Corría 2005. O por negligencia nadie hizo caso a la recomendación, o bien hubo directa complicidad de algunos jefes penitenciarios.

Aquel viernes 12 de agosto de 2005, "el Porteño", con dos secuaces de poca monta, se convirtió en Alí Babá. Vestido de guardia y con un par de pistolas en sus manos, logró lo que nadie había podido hasta entonces: que los portones electrónicos de la cárcel de Bouwer –hasta entonces, el presidio más seguro del país– se "abrieran" de a uno hasta lograr la libertad.La historia criminal dejó escrito que Luzi, junto con Gustavo César Sosa y Gustavo Alfredo Sánchez, tras "reducir" con armas a un puñado de guardias, lograron escabullirse del penal y, luego de pasar noches en Villa El Libertador y Villa Allende, se fueron en camión hasta la paradisíaca Vinchina, población riojana ubicada a la vera de la precordillera, donde finalmente caerían detenidos por policías cordobeses (y riojanos) el 25 de ese mismo agosto.

Manos vacías A nueve años de este escandaloso y corrupto escape, que dejó al gobernador José Manuel de la Sota como el destinatario exclusivo de aquel golpe, la instrucción judicial yace olvidada y tapada por polvo. La causa, que estuvo en manos de los fiscales Roberto Matheu (destituido) y Víctor Chiapero (la dirigió en su gran parte), ya prescribió. Quedó en la nada. "Lamentablemente, no tuve los recursos materiales ni humanos para avanzar y llegar al cerebro de quien estuvo detrás de todo", repite Chiapero, cada vez que lo consultan."La prioridad en su momento fue atrapar a Luzi, y lo conseguimos tras varias noches sin dormir y un arduo trabajo", dice el fiscal. Y agrega: "De todas formas, la pena por evasión es muy baja en comparación con los delitos por los que terminó condenado, como secuestro. Por eso, de todos modos, Luzi fue condenado. Es lo importante".Luzi, quien en pocos días cumple 36 años, hoy está alojado en la cárcel de Trelew (Chubut), donde purga una nueva condena por secuestro. Sus secuaces, Sosa y Sánchez, siguen presos.Las causas contra el padre del "Porteño" y Luis Agner, acusados de haberlo ayudado fuera del penal y dado albergue en La Rioja, respectivamente, tampoco prosperaron.En tanto, las investigaciones contra casi un centenar de agentes penitenciarios, entre jefes de alto rango y oficiales de menor jerarquía, tampoco avanzaron; y se dictaron sobreseimientos. Varios de ellos, a pesar de que la Justicia nunca los condenó, fueron echados del SPC por la simple sospecha en su contra; otros fueron reubicados en el mismo penal de Bouwer.Una "puesta en escena" Para salir de las celdas del pabellón "A" del módulo MX 1 hasta el portón principal de Bouwer, los tres delincuentes atravesaron casi una decena de puertas de apertura electrónica, tras "reducir" a guardias. En su escape, que no les llevó más de 45 minutos, los tres usaron pistolas, pero no realizaron ningún disparo. Tampoco hubo personas golpeadas. Los guardias no activaron alarmas.Las filmaciones no sirvieron de mucho. Las pocas escenas captadas parecían una "mera puesta en escena", como consta en el expediente.Si bien la investigación determinó que el escape llevaba al menos seis meses de preparación, con el ingreso de armas al penal por parte de penitenciarios (lo dijeron presos) y que llegaron a manos de Luzi, todo se concretó el viernes 12 de agosto de 2005, pasadas las 21.30. En su celda, se hallarían luego limas, celulares y planos de la cárcel.En menos de 45 minutos, Luzi, Sosa y Sánchez lograron llegar hasta la entrada y redujeron a la tripulación de una Trafic del SPC que acababa de regresar a Bouwer trayendo a dos presos de un hospital. "El Porteño" lo sabía.Tras subir al vehículo, rompieron un alambrado y escaparon por un campo. Luzi y su banda serían atrapados el 25 de agosto, mientras se encontraban en una casa en la parte trasera de un supermercado propiedad de Agner, por entonces puntero menemista, en Vinchina (La Rioja), a 640 kilómetros de esta Capital.Traídos a Córdoba, el gobernador De la Sota los exhibió como trofeos.Pese a que en el marco de la causa se habló de fuertes coimas y de hasta graves traiciones políticas, a más de nueve años la evasión quedó impune.

Cómo cayó la banda

Un asado y un desliz. La investigación por los paraderos de Martín Luzi, Gustavo Sosa y Gustavo Sánchez, a manos del fiscal Víctor Chiapero, no avanzaba. En realidad, llovían los datos sobre sus paraderos, pero ninguno conducía a nada. Dos policías se disputaban el papel protagónico de la causa: Alejo Paredes, por entonces jefe de la División Antisecuestros, y Ramón Frías, a la sazón jefe del Distrito 2. El por entonces jefe de Investigaciones, Eduardo "Bebucho" Rodríguez (hoy ya fallecido) trabajaba codo a codo con el fiscal. Un día, Frías se presentó ante el fiscal y contó que un policía, vecino de Villa El Libertador, había escuchado en un asado que Luzi y secuaces habían huido a Vinchina ocultos en la parte trasera de un camión.

"Vaya por él". Chiapero le ordenó a Frías que investigue la pista y, que si era así, fuera de inmediato. Se dispuso que Frías y Paredes viajaran. Mientras el primero lo hizo con gente propia, en auto, el segundo, con un grupo especial del Eter, viajó en helicóptero. Para no echar a perder el plan, la aeronave aterrizó en Villa Unión y decidieron llegar a Vinchina en autos de civil, para no alertar a Luzi. Los delincuentes pensaban huir a Chile.

"Los tenemos". Ese fue el mensaje que De la Sota y Chiapero, en ese orden, escucharon aquel 25 de agosto de 2005 a media mañana. Los tres delincuentes fueron traídos a Córdoba y enviados otra vez a Bouwer.