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La cara más extrema de la violencia cotidiana

En 11 días, cinco personas fueron asesinadas a balazos en disputas entre vecinos o entre bandas de un mismo territorio. Casos que proliferan en la ciudad de Córdoba junto con las armas ilegales y la oferta al menudeo de drogas ilícitas.

26 de junio de 2016 a las 12:01 a. m.
La cara más extrema  de la violencia cotidiana
10/6. Cristian Malagueño (36) murió baleado en Comercial. Un joven vecino quedó detenido.

En sólo 11 días, la ciudad de Córdoba mostró su cara más brutal: la de la violencia extrema. Venganzas que esta vez sí se cumplieron. Revanchas que se tomaron de la peor manera. Ojo por ojo que va mutilando a toda una sociedad.

Entre el viernes 10 de este mes y el martes último, sólo 11 días, cuatro varones y una jovencita de entre 17 y 40 años murieron baleados en la capital provincial.

No se trató de hechos de inseguridad ni de violencia doméstica, sino de la peor cara de la ley del más fuerte.

Detrás de estos casos, se inscriben historias de microtráfico de drogas, de marginalidad, de patotas urbanas y, sobre todo, del desprecio por las instituciones oficiales: disputas que no se denuncian, ya que se resuelven allí mismo, en el territorio que comparten víctimas y victimarios.

Porque los asesinados y los sospechosos vivían bien cerca. Se conocían y ya existían antecedentes de violencia, en muchos casos mutua, aunque sin aviso ni intervención estatal en la mayoría de estos episodios.

“Lo que pasa es que antes estos problemas en los barrios se arreglaban a trompadas y ahora a los tiros”, reflexionan en la Jefatura de Policía desde hace tiempo, cuando la violencia urbana comenzó a aflorar cada vez más seguido en los cuatro puntos cardinales de la ciudad de Córdoba.

Casi como el “se matan entre ellos”, una absurda manera de quedarse de brazos cruzados que varias veces fluye de algunas voces oficiales.

Seguidilla

Este último listado violento comenzó el viernes 10 de este mes, a la tarde, cuando Cristian Malagueño fue a reclamar algo aún no aclarado por la Justicia a la casa de una familia vecina, en Río Seco al 6200, barrio Comercial, al sur de la ciudad.

Se cree que Malagueño fue con una pistola nueve milímetros, que se trenzó en una pelea con el dueño de la vivienda, momento en que intercedió un hijo de este, de 18 años, quien le quitó el arma y lo mató de dos tiros.

El joven fue detenido al otro día.

El domingo 12, en tanto, la irracionalidad se hizo presente en barrio Ciudad Mi Esperanza, en la periferia norte, próxima a Malvinas Argentinas.

Carlos Landriel, un albañil de 40 años y padre de cuatro chicos, hacía varios días que era buscado por una patota del mismo barrio que había jurado matarlo. Y cumplió.

“La última secuencia que se tiene de su vida es cuando, desesperado, salió corriendo de la casa. Un alambrado, que divide su terreno del de su vecina, le jugó una mala pasada. Un pie se enganchó, él trastabilló y uno de los asesinos sólo tuvo que acercarse y gatillarle en la cabeza. Luego, los criminales (...) se marcharon como si nada”, se reconstruyó en estas páginas días después.

Los asesinos también utilizaron una pistola nueve milímetros. Pese a que en el barrio-ciudad todos los reconocieron, aún no fueron atrapados.

¿Cuál era la disputa? Se cree que Landriel los había denunciado porque robaron una moto de una comisaría. Otros aseguran que un familiar del fallecido había robado a los delincuentes.

Lo concreto es que al hombre nadie lo protegía, pese a que muchos ya sabían que tenía las horas contadas.

El jueves 16 a la noche, en tanto, barrio Rosedal, al oeste, se convirtió en el escenario de otro drama.

Fue el primer epílogo de un largo historial de violencia entre dos familias que viven a pocas cuadras. Y que nadie asegura que haya sido el último.

Disputa en la que una de las familias aparece siempre como la más vulnerable. Porque primero le apuñalaron a un joven, que logró sobrevivir, a fines del año pasado. Y ahora lamenta la muerte de su hermana, Mayra Gómez (25), que fue literalmente ejecutada.

Los atacantes llegaron en moto cuando ella y su novio estaban en la puerta. Él se subió al auto y se fue. Mayra se refugió adentro, pero no alcanzó.

La balearon desde la calle. Luego, forzaron un portón e ingresaron para matarla. Eran al menos tres. Murió minutos después, con un balazo en el pecho.

Un joven de 19 años, Leonardo Heredia, quedó preso e imputado por el crimen.

Entre muchachos

El lunes siguiente, otra vez una balacera cortó el aire en Villa Urquiza, al noroeste de la ciudad. Cerca de las 21, tres jóvenes llegaron en moto hasta una despensa ubicada en la esquina de Igualdad y Porto y Marino, y abrieron fuego contra dos muchachos que se encontraban allí.

A quien querían matar, Jean Franco Castro (18), hoy permanece internado en muy grave estado con un balazo en la zona hepática. Su amigo, Augusto Bazán (18), murió de un tiro en la espalda.

Otra jovencita que justo pasaba por allí fue baleada en un brazo y ya recibió el alta.

En total, se contabilizaron más de 15 balazos nueve milímetros y calibre 22.

Un joven de 19 años, que había matado a una adolescente en otra balacera hace tres años, fue detenido dos días después.

Para los vecinos, vivir en ese sector es sinónimo de sobrevivir, en medio de tantos tiros y droga.

Similar a lo que padecen los que viven en Villa Boedo y en el asentamiento “La Villita”, de ese sector del lejano este cordobés.

El martes último a la noche, Diego Bernardo Figueroa (17) murió cuando dos jóvenes lo corrieron y le asestaron dos balazos por la espalda.

Ya en el piso, agonizante, le arrojaron encima varios “ravioles” de cocaína y porros.

Todo un mensaje.