La alocada carrera que sigue sin castigo
El conductor de una camioneta está acusado de homicidio culposo: persiguió a un motociclista en contramano, chocó a un taxista y se dio vuelta.
Más de siete meses han transcurrido desde que perdió a su hijo y, lejos de ceder, el dolor se agudiza. Viviana Patricia Córdoba llora la muerte de Gerardo Alexander Tejeda (19) en las más absurdas circunstancias, cuando regresaba de un baile de La Fiesta, la madrugada del 10 de enero pasado. El conductor de la Ford F-100 que lo llevaba protagonizó una persecución que terminó con la pick-up volcada y los ocupantes desparramados en el asfalto o aplastados por el vehículo. Además del fallecido, otros ocupantes de esa pick-up quedaron con secuelas definitivas. También quedó malherido el taxista que embistió transitando a toda velocidad y de contramano.
El imputado por la Justicia se llama Guillermo Oscar Barachi (26) y debe responder por homicidio culposo agravado y lesiones culposas agravadas. Pero, además, será enjuiciado por un homicidio con exceso en la legítima defensa ocurrido el 15 de julio de 2004 (ver Dos causas... ). Algunas similitudes de ambos hechos son escalofriantes.
Raid fatal. Sobre la muerte de Tejeda, las actuaciones recayeron en manos de la fiscal Mirtha Adriana Abad. El sumario instruido por Accidentología Vial está casi listo en la recolección de pruebas y testimoniales (víctimas y terceros) y sería elevado en las próximas semanas para recibir la declaración del imputado.
El grupo de muchachos que viajaban en la camioneta reside, en su mayoría, en camino a San Carlos. Hay algunos que resultaron ilesos, otros con varios días de curaciones y unos que quedaron con secuelas definitivas, desde problemas en los dedos hasta dificultades neurológicas severas.
La víctima fatal, Gerardo Alexander Tejeda, alcanzó a levantarse después de que la camioneta se diera vuelta. Le dio el celular a un amigo y se apoyó en una pared. A los pocos segundos cerró los ojos y no los abrió más. Sufrió un traumatismo de cráneo severo y una fuerte hemorragia.
Persecución alocada. Después del baile de La Fiesta, la camioneta Ford F-100, conducida por Guillermo Barachi, cargó a otros ocho jóvenes y adolescentes para regresar hacia el sur de la ciudad. Según el relato de testigos y víctimas, iban tres en la cabina y seis en la caja, lo cual está prohibido. Adelante iban Barachi, Cristian Rubén Martínez y Cristian Andrés Flores; atrás, Nicolás Ezequiel Salvatierra, Franco Marino, Ángel Marcelo Aráoz (de sólo 15 años), Felipe Daniel Ruiz, Leandro Ramón Fabro y Gerardo Alexander Tejeda (primo de los hermanos Martínez y Aráoz). Pero las consecuencias no hubieran sido tan graves de no haberse producido un incidente.
El hermano de Guillermo Barachi, Javier (20), viajaba en una moto Honda Biz 110.
Según Aráoz, pasó otra moto con dos jóvenes y le gritaron "una gilada", por lo que Javier y su acompañante comenzaron a perseguirlos. Pero a la persecución se sumó el hermano mayor, Guillermo.
El relato de varios de los ocupantes de la camioneta dice que Guillermo se enfureció y comenzó a conducir a una velocidad desmesurada, sin importarle los que iban en la pick-up, especialmente quienes viajaban atrás, sueltos. "Pará, pará, que nos vamos a matar", dicen que le gritaban, golpeando el vidrio de la luneta. Pero Barachi respondió, según aseguran, "¿Qué? ¿Tienen miedo a la muerte, manga de cagones?".
Además de la velocidad, la camioneta giraba en las esquinas al borde del vuelco y con los chicos que iban atrás tratando de no ser despedidos. Pero en su afán de alcanzar a la moto de "los osados" que insultaron a su hermano, Barachi tomó en contramano, circulando así un par de cuadras. Al llegar a la intersección de Riccheri y Justiniano Posse, se encontró con un taxi Renault 19 al que chocó con total violencia.
La F-100 volcó y quedó con las ruedas para arriba. Los chicos de la caja volaron todos. Algunos cayeron encima de otros y hubo quienes resultaron aprisionados por el vehículo.
Además de la muerte de Tejeda, resultaron heridos varios de los chicos. Salvatierra recibió 60 días de curación y Ruiz arrastra secuelas neurológicas definitivas: tiene dificultades para caminar y en el habla. Por otra parte, la vida del taxista José Wenceslao Almada (47) estuvo en riesgo y debió cumplir 90 días fuera de su trabajo.
A pesar de tener una causa pendiente por otra muerte, Guillermo Barachi sigue en libertad.

