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Joven escapó de sus secuestradores al arrojarse del auto en marcha

El episodio se registró el martes a las 13.30, cuando el chico, de 14 años, salió de la escuela y caminaba hacia su casa. El padre relata la estremecedora historia, que duró un par de horas, pero fue interminable para la familia.

01 de noviembre de 2013 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Joven escapó de sus secuestradores al arrojarse del auto en marcha

"Por favor, no queremos que salgan nuestros nombres porque mis padres son muy viejitos y una noticia como esta podría perjudicarlos mucho". Haciendo esa salvedad y remarcando la necesidad de que otros padres estén alertas, H.F. contó la historia del secuestro de su hijo, al que por razones de seguridad y al ser menor, llamaremos con el nombre ficticio de Oscar. Todo ocurrió el martes, instantes después de las 13.30, cuando el chico salió de la escuela de barrio Marqués de Sobremonte y se dirigía a su casa en barrio Poeta Lugones. Oscar tomó el mismo camino de siempre. Caminaba por la avenida Fray Luis Beltrán y con el rabillo del ojo alcanzó a ver que un auto estacionaba. En segundos lo tomaron del cuello y lo metieron al vehículo."Cuando estaba adentro del automóvil, mi hijo se dio cuenta de que era un Renault 19, como el de su abuelo", explicó el papá. De acuerdo a lo que pudo reconstruir la víctima, los secuestradores ingresaron a Monseñor Pablo Cabrera y encararon hacia el aeropuerto, pero antes de llegar giraron en U y, poco después, pudo observar que cruzaban la calle Italia y luego avenida Caraffa.El chico describió al conductor del R-19 como de unos "setenta y pico años, bastante pelado y canoso, tenía un pantalón de vestir". El otro secuestrador se ubicaba en el asiento trasero para vigilar a Oscar. "Este tipo –explica H.F.– era rubio, de alrededor de 30 años, vestía vaquero y una remera roja. Lo que no pudo especificar el chico es de qué color era el auto porque la pintura estaba en mal estado. Le pareció que la primera letra de la patente era Y y lo que sí recordaba es que el asiento del conductor tenía un tajo al costado".En el interminable trayecto, Oscar intentó enviar un mensaje a su papá, pero el rubio advirtió la maniobra. "¡¿Qué estás haciendo pendejo de mierda?!", vociferó y le arrebató el celular, lo desarmó, le sacó la memoria, la rompió y le devolvió el aparato. "Esa fue la única vez que hablaron. El pibe me comentó que no pronunciaron palabra en todo el viaje y él no abrió la boca por miedo a que le pegaran. Gesticulaban, al parecer se manejaban con señas. Según la policía, lo que buscaban los secuestradores al ir y venir por distintos sectores de la ciudad era confundir a Oscar, y es cierto, porque llegó un momento que él no sabía dónde estaba". Denuncia A todo esto, los padres estaban desesperados porque Oscar no había llegado y no contestaba el celular. Sabían que algo malo había sucedido. "Yo me dirigí a la comisaría del Marqués a formular la denuncia. En casa, mi mujer había llamado a la policía y lloraba desconsoladamente. No podían calmarla". Cuando H.F. estaba en la seccional entró una llamada de un número desconocido a su celular. Eran las 15:40. "Papá, no sabés lo que me pasó... me secuestraron".–¿Dónde estás?, decime hijo.–Estoy en calle Avellaneda, frente a la plaza Colón. Pedí un teléfono prestado para avisar.–En la esquina hay un McDonald's, entra y no te movás. Esperáme que ya te voy a buscar."Señor, va a tener que hacer la denuncia porque es un secuestro", le dijo uno de los policías que estaban a la expectativa por la suerte de Oscar.Al llegar a la hamburguesería, padre e hijo se estrecharon en un abrazo. "Antes había llegado un policía y él le estaba contando todo, lloraba".Rumbo a la Unidad Judicial de la Mujer y el Niño, donde quedó radicada la denuncia, H.F. le preguntó a Oscar cómo no se le había ocurrido hacer señas cuando pasaban al lado de algún otro vehículo. "Unos 10 minutos antes de que saltara vi que no estaba puesto el seguro de la puerta, yo sabía que ahí estaba mi escape, sólo tenía que esperar el momento". La oportunidad de Oscar llegó cuando el R-19 giró hacia el puente Avellaneda y disminuyó la marcha. Sin titubear abrió la puerta y se arrojó a la calle. Cuando levantó la vista, los secuestradores habían desaparecido. Eran las 15:30 y a esa hora no estaba el control policial que se ubica a diario sobre el puente. La odisea de Oscar había terminado.