Duras penas que no mitigan el dolor
Dos jóvenes recibieron condenas a 22 años de cárcel, como autores del homicidio de Alberto Araos en ocasión de robo.
Durante toda la noche Jorge Araos se movió de un lado a otro de la cama. La ansiedad no le permitió pegar un ojo. Ayer, no iba a ser un día más. En la Cámara 5ª del Crimen, de la ciudad de Córdoba, iban a dictar sentencia en el juicio contra cuatro personas (tres varones y una mujer) acusados de conformar una banda de delincuentes que en la madrugada del 20 de enero del año pasado asesinó a su hijo Alberto, de sólo 20 años, quien de civil esperaba el ómnibus para irse a Alicia, donde debía cumplir funciones en la Policía Caminera. "Hace un año y medio que estamos peregrinando por Tribunales, pero la Justicia deja mucho que desear", se quejó minutos antes de las 9.30, cuando llegaba a la sala de audiencias. "Cuando me lo mataron, yo sólo pensaba en agarrar a los delincuentes y tirarlos en una fundición donde trabajo, pero con el tiempo he ido cambiando, ahora tengo una sensación distinta, hasta te diría que ellos (por los acusados) me dan pena, porque no sólo arruinaron a nuestra familia sino a la de ellos también", agregó.Minutos después de las 10, la sala se abrió y entre el público se ubicaron varios uniformados de la Policía Caminera, compañeros de camada de Alberto, que promocionó en 2007. "Él –recordó su padre– estudiaba sonido en La Metro y el día que me dijo que quería ser policía yo no lo podía entender... Ahora, su otro hermano, de 19 años, también es policía, para seguir lo que él había iniciado".Llegó el momento de la última palabra. Jorge dijo que siempre estuvo orgulloso de su familia porque nunca robaron nada y que todos aprendieron a trabajar desde chicos. Entre los imputados, sólo hablaron Valeria Aráoz (acusada sólo de robos calificados, pero no del homicidio) quien solicitó "otra oportunidad", y Hernán Cortez, que ya había confesado el crimen y que sólo pidió perdón a la sociedad y a la familia de Araos.Luego se pasó a cuarto intermedio para que deliberaran los jurados populares. Veredicto. ¿Qué pasó aquella madrugada de enero? Aún en la oscuridad, Araos esperaba que pasara el ómnibus por Sabattini, en barrio Empalme. Fue entonces que se acercó un grupo de ladrones que primero le sacó su teléfono celular y luego intentó quitarle una mochila. Al parecer, Araos se resistió y se produjo un tiroteo con los ladrones: le dispararon cuatro veces y el gatilló en dos oportunidades. En la balacera, el agente cayó muerto. Al parecer, antes de fallecer alcanzó a herir a uno de los ladrones. Esa misma madrugada, Cortez fue abandonado en la guardia del Hospital de Urgencias, herido de bala. Al tiempo, fueron atrapados Félix Taboada y Jonathan Maldonado, y la joven Aráoz.Aunque sobre los varones juzgados pesaba la figura de "homicidio en ocasión de robo", durante los alegatos el fiscal Fernando Amoedo y la querella, representada por el abogado Jorge Johnson, solicitaron la figura de "homicidio criminis causae ", que prevé la condena perpetua (matar para lograr impunidad).Las puertas recién se reabrieron a las 14.06. Cortez y Maldonado fueron encontrados culpables de "homicidio en ocasión de robo" y "robo domiciliario calificado", entre otros delitos, y recibieron 22 años de cárcel, un monto alto para la calificación legal. Al primero, se le computaron otros tres años por un delito anterior, por lo que fue condenado a 25 años de prisión. A la mujer le endilgaron los delitos de "coautora de violación de domicilio y robo calificado", y recibió cinco años. Además, la causa volverá la fiscalía de instrucción para que se investigue su participación el homicidio. Taboada fue absuelto.Al salir, los familiares del agente muerto se abrazaron en un mar de tristeza. Pese a que dos de los delincuentes recibieron duras penas, ellos esperaban un fallo más drástico.

