Temas del día:

Dos asaltos simultáneos y un secuestro exprés de por medio

Una banda copó dos casos al mismo tiempo. Una de las víctimas fue un rehén que fue cruzado por la ciudad en una 4x4.

19 de septiembre de 2015 a las 12:01 a. m.
Dos asaltos simultáneos y un secuestro exprés de por medio
Víctima. El abogado Matías Vélez relató el calvario que padeció (Martín Baez/La Voz).

"El peor momento fue cuando me apuntaron con dos pistolas en la cabeza y me exigieron más dinero. Mi novia y mi suegra ya estaban atadas y reducidas. Entonces, les ofrecí llevarlos a mi casa para darles más plata. Ahí me volvieron a pegar y amartillaron una pistola en la sien". Matías Gustavo Vélez (27) habla, juguetea con el reloj pulsera y mira para todos lados con desconfianza. Pareciera temer que alguien aparezca de golpe y le haga daño. Motivos no le faltan. Días atrás sufrió un violento asalto, en realidad dos y en forma simultánea por casi dos horas, a manos de una nutrida y peli­grosa banda de delincuentes armados que, incluso, lo mantuvo cautivo como parte de un secuestro exprés por calles y avenidas de la ciudad de Córdoba, según denunció.La banda, tras golpear y maltratar a este abogado, a su novia y la madre de esta, se alzó con unos 200 mil pesos, entre efectivo, alhajas, electrodomésticos, prendas y armas. Sin contar que la camioneta 4x4 que le sustrajeron y que todavía no apareció. Pese a que la víctima lo descarta, los investigadores temen que entre el grupo de pistoleros haya al menos un policía.Todo se inició el  sábado pasado a las 23.30, cuando cuatro delincuentes entraron en la cocina de una vivienda ubicada en calle Neuquén al 600, en barrio Providencia, de la ciudad de Córdoba, donde Vega terminaba de cenar con su novia y suegra. Para acceder al predio, los ladrones –tres de ellos con sus rostros semitapados– habían trepado una tapia de cuatro metros y cortado los alambres de un boyero electrónico. Dos perros labradores tampoco fueron impedimento para que entren en la casa. "Matías quédate en el molde, esto es una entregada, danos la guita", fue lo que este joven letrado alcanzó a escuchar, antes del primer culatazo en el estómago. Los golpes se iban a repetir varias veces mientras duró el asalto. En segundos, se dio cuenta de que la banda sabía todo sobre su familia.El joven y las dos mujeres fueron maniatados y amorda­zados (con corbatas y cables, lo que da la pauta que eran improvisados) y tirados en el suelo en una habitación.De pronto, apareció el quinto asaltante, quien parecía ser el líder. Tenía unos 50 años, empuñaba una pistola nueve milímetros y manejaba un Nextel con el que se comunicaba con dos secuaces que, en sendos autos, esperaban en la calle."Esto es una entregada. Dame la guita si querés que todo salga bien", dijo el jefe y le pegó al muchacho, para luego ponerle el arma en la cabeza: "Te vamos a matar". "Si no nos das la guita, te violamos a tu mujer", bramó otro.Las víctimas se desesperaron. "La banda sabía todo de nosotros. Mi nombre, lo que hacía, sabían que mi suegro estaba de viaje... Fue algo espantoso", contó Vélez. Secuestro exprés Los ladrones se apoderaron de algo de efectivo y electrodomésticos, pero no les pareció suficiente. "Les propuse llevarlos a mi casa para darles más plata y aceptaron", continuó el relato. Mientras las dos mujeres se quedaron con tres ladrones en la casa de calle Neuquén, el abogado fue llevado como rehén en la camioneta 4x4 Mitsubishi L200 blanca de su suegra por el resto del grupo. Un auto iba de apoyo atrás. "Que nos escolten", dijo el jefe de la banda, con tono marcial.La banda no tuvo problemas en ir por lugares transitados. "¡Yo rogaba cruzarme con algún control policial, pero no pasamos uno! Aunque pensándolo bien, mejor... ¡Mirá si se agarraban a tiros!", siguió Vélez.Al final, la banda llegó a la casa de Barros Pazos al 2600 en barrio Escobar. "Se bajaron  haciéndose pasar como mis amigos. Me volvieron a pegar, se hicieron de 35 mil pesos, algunos electro­domésticos y otras cosas. Vol­vimos a la camioneta y regre­samos a la casa de mi suegra", narró.El jefe de la banda quería más dinero. "Ya no sabía cómo decirles que no tenía más", añadió. Otra vez cruzaron la ciudad y tampoco se toparon con algún móvil. Ya era casi la 1 del domingo. Bendición A todo esto, en la otra casa, las dos mujeres seguían a merced de los delincuentes. "Quedate tranquila –dijo uno de ellos a la joven–, no somos violadores". La casa era puro llantos, quejidos y gritos.Otro de los momentos más tensos fue cuando la banda se encontró con al menos cinco pistolas que coleccionaba el dueño de casa. "Empezaron a disputárselas. Peleaban, estaban muy tensos", contó Vélez.Finalmente, los secuaces desde afuera del hogar, avi­saron vía Nextel que debían huir. "No llorés nena, que Dios te bendiga", dijo uno de los ladrones a la chica, antes de dar el portazo. La pesadilla acababa de terminar.