Dinero rápido, abultado y a cualquier costo
Andan en motos potentes, por lo general de a dos. Claudio Glerser.
Andan en motos potentes, por lo general de a dos. El de atrás va armado y es quien se “descuelga” para apretar a la víctima. Van con el dato justo, jugados a todo.
Actúan principalmente a fines y comienzos de mes; sobre todo, los lunes y viernes. El horario preferido, entre las 11 y las 13. No se mueven solos. Cuentan con el datero, un cómplice que les marca la víctima que sale del banco (o que está por entrar) con una alta suma de dinero. Por lo general, ese entregador es una mujer, ya que despierta menos sospechas, sobre todo si tiene canas y está bien arreglada.
En otros casos, resultó ser alguien de adentro mismo del banco. El botín de cada “caño” se reparte en distintos porcentajes entre los engranajes del grupo.
En las calles se mueven como brigadas intercomunicadas por celulares. A veces, un auto les hace de apoyo.
Las salideras son un fenómeno delictivo forjado en la década de 1990 y agravado en los últimos años en el país. Buenos Aires va a la cabeza con una sangrienta escalada: ayer le tocó el turno a una embarazada.
Córdoba padece una realidad muy seria, aunque por fortuna no tan cruel. Según la Policía, en la primera mitad del año hubo unos 70 casos denunciados. Cifras extraoficiales hablan de cinco casos por semana.
Se les llama salideras porque en un comienzo las víctimas eran abordadas cerca de los bancos. Ya no es tan así. Hoy, los delincuentes optan por atacar a sus “blancos” en lugares más alejados, como un semáforo o cuando están por entrar a su casa.
Se recuerdan dos homicidios por salideras: un comerciante infartado en 2008, en Alta Córdoba, y un abogado baleado en 2001, en Nueva Córdoba. Pero son muchos los que terminaron heridos y vivieron para contarla.
En Córdoba, la Policía parece haber despertado en los últimos meses con más controles, operativos y capturas de sospechosos, pero se está lejos de, por lo menos, hacer aminorar estos casos.

