De intachable, pasa en segundos a delincuente
En el homicidio con el bate de béisbol, el juez se refirió así a la impensada derivación de un accidente de tránsito. Explicación sobre el encuadramiento del caso en la figura de homicidio simple.
“Ojalá que casos como este no se repitan y que lo sucedido, ya que fue tan difundido, sirva para apaciguar los ánimos de los ciudadanos que no suelen percatarse de que, de un momento a otro, en forma imprevista y no deseada, un ser intachable pasa a ser nada menos que un delincuente”. Así, el vocal de la Cámara 3ª del Crimen Mario Della Vedova se refirió al homicidio de un hombre que fue golpeado en su cabeza con un bate de béisbol, a raíz de una discusión por un incidente de tránsito.
Como se informó a comienzos de mes, Oscar Santiago Fisogni (26) fue condenado a ocho años y medio de prisión por la muerte de Luis Eduardo Frontera, a quien aplicó varios golpes con un bate luego de que éste le recriminara su actitud desaprensiva por una mala maniobra de tránsito. El episodio ocurrió en marzo del año pasado cerca del CPC de Argüello. Frontera siguió a Fisogni, bajó del auto y recriminó al otro automovilista que estaba con su novia. El hoy condenado bajó del vehículo con el bate y le aplicó golpes, primero en sus brazos, luego en su cuerpo y finalmente en la cabeza. El herido murió en el hospital.
El juicio fue abreviado y en sala unipersonal. El fiscal Manuel Sánchez solicitó la pena que el juez finalmente aplicó, sanción que compartió el querellante por el hijo de la víctima, Domingo Cangelosi.
Ese debate tuvo ribetes ejemplares. El acusado reconoció llorando su arrepentimiento, su culpabilidad y plena conciencia de lo que había cometido. En la cárcel, Fisogni tiene conducta sobresaliente y estudia derecho. Además, durante la instrucción, tras entregarse, aportó todas las pruebas y colaboró plenamente con la investigación. Todas las partes realizaron su aporte y Cangelosi dijo en su alegato que la familia de la víctima no quería venganza sino justicia y que el caso era un auténtico ejemplo de recuperación.
Fundamentos. Recientemente se leyeron los fundamentos de la condena, redactados por Della Vedova. Como primera medida, considera el accionar del acusado y el encuadramiento legal. Señala que tras bajar del auto, la "intención inicial" "no fue la de causar la muerte de un semejante". "Pero una vez que se decidió a desplegar su accionar –prosigue–, particularmente violento, en contra de una persona desarmada a la que golpeó en forma brutal y repetidamente, no sólo con el objeto que portaba en sus manos (un bate de béisbol) sino propinándole puntapiés, es evidente que en ese momento, aunque súbitamente, su ánimo cambió, pues el medio empleado y la actitud asumida revelan una finalidad homicida".
Parecía mucho un mínimo de ocho años de prisión, pero no fue posible en la instrucción ni en el debate encuadrar el hecho en una figura distinta al homicidio simple. Della Vedova fundamentó, uno a uno, por qué no constituía un homicidio preterintencional, culposo, en estado de emoción violenta o un exceso de la legítima defensa, frente a un hombre desarmado. Por esto, a pesar de las condiciones personales del reo, la suya se considera una reacción desproporcionada que sólo se explica por su “personalidad inmadura, frágil”.
Para ser más gráfico, el vocal usa una expresión doctrinaria para referirse al accionar de Fisogni: “Hizo lo que quiso y quiso lo que hizo”.
Violencia urbana. Luego, el juez del Crimen destaca la repercusión social del hecho que encuadra como "violencia urbana". Della Vedova hace su aporte: "Las consecuencias de tales comportamientos nunca fueron ni serán buenas. Los improperios, burlas, insultos y la violencia física en materia de tránsito vehicular son sólo algunos ejemplos de algunas variadas formas de 'violencia' que cada día los ciudadanos perciben... y lo que es peor, a veces ejercen".
Otro párrafo valioso dice: “Lo más lamentable es que, en ciertas ocasiones, el que se comporta incorrectamente o viola una norma determinada, insólitamente reacciona de la peor manera ante aquel que se lo hace notar”. Y remata: “Lo que falla, entonces, muchas veces, es el autocontrol de cada ciudadano, al margen de que organismos y autoridades no cumplan en la prevención”.

