De costumbre a tragedia
El alcohol y la adrenalina de la diversión del fin de semana suelen finalizar, como sucedió aquella vez, en una “picada” mortal.
La costumbre de ir a bailar al pueblo vecino abraza a cada pequeña localidad. Para la barra, el grupo o el curso sólo importan la diversión, propia de cualquier adolescente o joven. Pero qué pasa cuando el alcohol o alguna sustancia tóxica forman parte del festejo, que suele arrancar antes de salir.¿Quién maneja? ¿Alguno de ellos piensa en designar a un conductor responsable?Los padres, en una vigilia tediosa, no duermen, ruegan que sus hijos regresen vivos.En la tragedia de Los Cóndores, eso no ocurrió.El choque enlutó a la región: hubo muertos, sobrevivientes, rezos, amistad, dolor y pedido de Justicia.El alcohol y la adrenalina de la diversión del fin de semana suelen finalizar, como sucedió aquella vez, en una "picada" mortal.Esa noche, los condorinos fueron a Berrotarán. Los embalseños, a Almafuerte.Casi una tradición que atraviesa a generaciones de pequeñas localidades o zonas rurales: buscar más diversión, conocer a otras personas.Antes, elegían bailes en otros pueblos; luego, boliches; ahora, hasta algún pub .Tanto adultos como jóvenes admiten que el alcohol está presente y no pocas veces juega una mala pasada a la hora de trasladarse por la zona.Se vuelven juntos, son amigos, compañeros de escuela, vecinos o alcanza que vivan en el mismo pueblo.Pese a que los pibes suelen tener órdenes precisas para el regreso, sólo en ómnibus, remises o con algún padre, a veces algo cambia de planes, como ocurrió con algunas de las víctimas de Los Cóndores, y retornan con algún amigo."No volvió viva, ¿habrá sido el destino o la asesinó alguna imprudencia de esas 'picadas' que eran habituales?", se preguntó un padre en busca de alguna resignación a tanto dolor, del corolario de esa costumbre de fin de semana, que esta vez, terminó en tragedia.
*Corresponsalía

