Consideran aclarado el crimen del repartidor
La víctima murió de un disparo en el pecho durante un asalto.
"!Policía, policía!" Esas fueron las últimas palabras de Omar López (52). Recibió un disparo en el pecho y quedó tendido sobre el pavimento, con los brazos abiertos y mirando al cielo. Antes de huir, el asesino retiró una cajita de la cabina del camión. No le importó la suerte del hombre que ni siquiera había intentado resistirse. Consumado el robo, el criminal y su cómplice corrieron por calle Cádiz. A los 100 metros desaparecieron en la villa El Chaparral.
Los médicos del servicio 107 nada pudieron hacer por el camionero baleado.
Todo comenzó alrededor de las 9 de ayer, cuando López, fletero de la empresa Productos Alimentarios, distribuidora de Naran Pol, detuvo el camión sobre Mármol, casi esquina Cádiz, barrio Colón, frente al jardín de infantes de la escuela Hilario Ascasubi.
Lo acompañaban dos empleados. Uno de los muchachos cruzó la calle para levantar el pedido en un almacén y el otro caminó una cuadra para atender a otro cliente.
Nada hacía presumir el fatídico desenlace cuando los dos hombres pasaron frente a la puerta de la escuela del barrio. Varios vecinos los vieron. Algunos sabían que eran malandras de El Chaparral y unos pocos sabían hasta sus apodos y nombres. Primero sorprendieron a uno de los ayudantes del distribuidor de gaseosas. Le sacaron 90 pesos. El que portaba el revólver calibre 32 se trepó al estribo para sustraer una caja con monedas y el camionero, al verlo, sólo atinó a gritar "policía, policía". Sabía que por lo general había algún uniformado en los alrededores de la escuela.
Sin consuelo. Sebastián se había levantado a las 4.30. Como todos los días salía en otro camión, lo mismo que su padre y su otro hermano. Los tres se "deslomaban" a diario para tratar de progresar. Con esfuerzo habían logrado tener tres camiones. "Me llamaron para decirme: "Venite que tu viejo está muerto", se lamentaba Sebastián, mientras la esposa de su hermano retiraba la campera polar negra y un pulóver del muerto.
"Sufríamos tres o cuatro asaltos por año, pero jamás pasó una cosa así", balbuceó el muchacho de lentes.
De un lado de la cinta perimetral que rodeaba la escena del crimen, los familiares del muerto no encontraban consuelo. Unos lloraban, otros, enmudecidos, tenían la mirada perdida hacia ninguna parte. Del lado opuesto de la cinta, mujeres y muchachos de la villa El Chaparral observaban el movimiento de los policías y de los peritos judiciales que se aprestaban a levantar el cadáver y buscaban huellas del asesino.
"Lo mataron por 90 pesos", repetía una y otra vez un hombre corpulento y semicalvo. "El viejo López era muy piola y un gran laburador. Hacía 11 años que trabajaba en la empresa, hacía fletes con su camión, igual que sus dos hijos".
Capturas. Sólo media hora había transcurrido, cuando la Policía irrumpió en El Chaparral. Tuvieron que hacer algunos disparos al aire para calmar a los amigos y familiares de Víctor Hugo Olmedo (18) y Eduardo Martínez (28), individuos con antecedentes por robos calificados, "marcados" por los testigos del crimen. Los sospechosos fueron trasladados a la Unidad Judicial de Homicidios. Las pruebas en su contra son abrumadoras, según fuentes del caso.
Además de ser reconocidos, tenían en su poder los 90 pesos, la caja con monedas y el revólver 32 usado presuntamente para ejecutar a López.
Dos de los matones que salieron en defensa de los detenidos también fueron capturados por resistencia a la autoridad.
El comisario Walter Díaz, a cargo del operativo, tenía el rostro desencajado. Su único consuelo fueron las detenciones.
Faltaban 25 minutos para el mediodía cuando el cuerpo fue levantado. Imperaba un silencio sepulcral en el barrio. Ayer no se escucharon gritos de los chicos de la Ascasubi "chivateando" en el recreo.

