Ahora están bien en la superficie, los 33
Exitoso rescate de todos los operarios que estuvieron atrapados 70 días a más de 600 metros de profundidad. Juan Federico, enviado especial.
Cuando los seis rescatistas que estaban con él en las profundidades de la montaña de la mina San José, en medio del desierto de Atacama, le cerraron la puerta de la cápsula Fénix 2, Luis Alberto Urúza Iribarren (53) respiró satisfecho. Como buen jefe de turno, se mantuvo en el estómago del cerro hasta que subieran sus 32 compañeros de una odisea sin antecedentes en todo el mundo. Cuando Ariel Ticona abrazó a su mujer –que acaba de ser mamá por primera vez– Urzúa ya sabía que su tarea había sido cumplida. Tras ser acomodado en la cápsula, comenzó el último ascenso de la fase final de la operación de rescate San Lorenzo, bautizada así en honor al patrono de los mineros. Mientras Urzúa desandaba el túnel de 622 metros, los ingenieros y rescatistas apostados en la superficie cantaban: "Vamos, vamos chilenos, que esta noche los tenemos que sacar".A las 21.55 se escribía la última página de esta epopeya. Urzúa se desenganchó del arnés, le abrieron la puerta de la cápsula y recibió un abrazo tras otro de los rescatistas. En sus hombros llevaba la bandera de Chile, a la que se aferraba a cada paso. Fue recibido por el presidente Sebastián Piñera, que le abrió los brazos. "Espero que nunca más pasemos por esto", fue lo primero que el jefe de turno le dijo al mandatario. Urzúa dijo sentirse orgulloso de su país. "Recibo su turno y lo felicito por haber actuado como lo hace un buen capitán", le respondió Piñera.Urzúa le contó que el momento más difícil tras el derrumbe ocurrió para él tres horas después, cuando recién se despejó el polvo en suspensión. "Cuando vi la piedra me dije que esto no iba a ser de un día para el otro, como creían algunos de mis compañeros", recordó. Relató que realizaron intentos de salida que fueron infructuosos. Durante 17 días, el jefe fue clave para administrar la escasa comida que había en el refugio. Antes de que fueran descubiertos por una de las sondas, comían una galletas cada 48 horas. Consultado por uno de los rescatistas cómo fue el día que se aferraron a la sonda –a las 6.30 del 22 de agosto–, Urzúa dijo que todos sabían del protocolo que indica que cuando lanzan una sonda no hay que acercarse de inmediato porque pueden caer piedras. "Pero se olvidó el protocolo porque todos querían abrazarla", apuntó antes de ingresar al hospital de campaña a abrazarse con su hija.El rescate de Florencio Ávalos, que culminó a la 0.10 de ayer fue el primero de los 33 capítulos finales de este inédito caso. Tras él, apareció el histriónico Mario Sepúlveda, que bajó de la cápsula con una polenta impresionante. Gritó, saltó, se abrazó, repartió cartas y piedras.Cuando el boliviano Carlos Mamani salió, también en la madrugada, se arrodilló y miró al cielo. En el rescate de los mineros había tenido una intensa participación su suegro, que manejaba uno de los camiones cisternas. Evo Morales, el presidente de su país, llegó antes de las 9 a la mina y junto a Piñera examinó el túnel. Después, fue al hospital de Copiapó, y al salir dijo que los mineros "regresaban del cementerio, pero con vida". Dijo que le ofreció casa y trabajo a Mamani en Bolivia, oferta que resolverá el minero.El ex jugador de fútbol Franklin Lobos salió ya en la tanda final, cuando el rescate se había acelerado. Los ingenieros, tras salir los primeros 20 mineros, decidieron aumentar la velocidad de descenso y ascenso de la cápsula. Miguel Fortt, ingeniero que asesoró en el rescate, explicó que al ser una operación inédita, se esperaron varias rescates para tener la certeza de que se podía ir más rápido sin contratiempos.Cuando Lobos apareció en la superficie, su hija Carolina –una de las voces más activas entre los familiares de los mineros– lo apretó con todas las fuerzas que acumuló en los últimos 69 días. Es que el estado de salud de todos los rescatados fue más que óptimo. Tras la salida de Urzúa, los familiares que seguían en el Campamento treparon el cerro donde están las 33 banderas de los mineros y bajo la media luna que alumbraba el desierto encendieron un espiral de velas. Era la noche más luminosa de los últimos 69 días. También fueron evacuados todos los rescatistas.

