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¿Acaso lo saben?

Parece que estos siete años de investigación sólo sirvieron para pulverizar las pruebas existentes, una a una.

24 de noviembre de 2013 a las 01:32 p. m.
¿Acaso lo saben?

¿Será que no investigan más quién mató a Nora Dalmasso de Macarrón (51) porque ya lo saben? Parece que estos siete años de investigación sólo sirvieron para pulverizar las pruebas existentes, una a una. El correr del tiempo terminó dando sustento a la intuición colectiva de una gran escenografía montada para proteger al asesino, al que probablemente aún deba temérsele o le deban favores.

No vale la pena preguntar nada. Basta con observar si cambia alguna condición para que alguien se atreva a ir en dirección contraria.

En el repaso de la causa se puede advertir que, justo cuando la pesquisa apuntó a alguien poderoso, los medios de Buenos Aires fueron regados con rumores de alcoba; hasta una falsa prostituta habló de swingers y del juego de la olla, con lo que se distrajo la investigación.

El poder de impunidad se avizoró desde un primer momento en la comunidad. La señal más clara fue el fracaso del primer estudio de ADN. Después de que el bioquímico de la Policía de Río Cuarto determinó semen, desecharon su técnica, pese a que sería la misma metodología utilizada históricamente para todas las causas del sur de Córdoba, incluidas la del pedófilo que mató a Micaela Ávila y las de los cuatro violadores de Laura Mansilla.

Con ese primer fracaso pericial, podría haberse imaginado cómo terminaría la historia. Quien vuelve a hojear el expediente poniendo bajo la lupa el desempeño de ciertos personajes, puede aventurar que en menos de dos semanas habría estado resuelto el caso. Que no hubo 18 amantes ni un sicario, porque ya la primera autopsia permitía concluir que hubo una relación violenta, consentida, y una reacción descontrolada.

Acaso el mensaje que recibió Nora a las 3 de la madrugada fue lo que desató la furia de quien estaba con ella. Los investigadores locales lo deslizaron en un primer momento; luego no se dijo nada más.

La imputación del pintor y del hijo revela de lo que son capaces las complicidades. Hay una frase de Santo Tomás que dice: “La corrupción de la Justicia tiene dos causas: la falsa prudencia del sabio y la violencia del poderoso”.