A no preguntarse
El cántaro fue numerosas veces a la fuente, pero nunca se rompió, al menos en el ámbito de la Justicia provincial.
El cántaro fue numerosas veces a la fuente, pero nunca se rompió, al menos en el ámbito de la Justicia provincial. El domingo volvió a suceder lo que en otras tres ocasiones en los últimos 12 años: el ayudante fiscal de la Unidad Judicial de Accidentología Vial Gustavo Federico Lombardi fue detenido otra vez, tras protagonizar un cóctel de conductas reñidas con la ley penal y con su investidura, que incluyen alcohol, accidentes automovilísticos, amenazas y violencia de género. ¿Qué pasó para que esto vuelva a suceder, sin más? El funcionario recibió sendos sobreseimientos en las tres causas que se le abrieron, algunas con llamativa celeridad y otras contra la opinión del juez de Control Roberto Cornejo, quien se opuso a ese perdón. Hay personajes que parecen ser medidos con distinta vara que el ciudadano común, quien por mucho menos llega a juicio y paga con creces algún desvío de la norma. Resultan preocupantes algunos casos en los que la reiteración no sirve de prevención para males mayores. Desde esta columna, se señaló hasta el cansancio que el caso de Pucho Roqué (el despechado novio que seguía y seguía agrediendo a la familia de su ex) iba a terminar cuando hubiera una tragedia. La feliz intervención del fiscal de Violencia, Cristian Griffi, puso fin a esos abusos. En el caso Lombardi, si siguen tolerándose estas conductas, reiteradas, se corren peligrosos riesgos. Por eso, si se vuelve a actuar del mismo modo, lo más probable es que la historia vuelva a repetirse. Después, a no preguntarse.

