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20 años de cárcel por violar a una joven

El depravado tiene 63 años y tuvo seis hijos con ella. Cuando cayó en Córdoba, se creyó que la mujer, convertida en su esclava sexual, era su hija. Sin embargo, un estudio de ADN confirmó que no hay vínculo parental. Las secuelas en la víctima son irreversibles.

05 de febrero de 2013 a las 12:01 a. m.
20 años de cárcel por violar a una joven

Una durísima condena recibió ayer un hombre de 63 años que había inscripto a una niña simulando ser su padre biológico. Sometió a la chica desde los 8 años, y tuvo con ella seis hijos. El depravado, quien fue detenido en octubre de 2010 en una villa ubicada al noroeste de la ciudad de Córdoba, recibió un castigo de 20 años de prisión por parte de la Cámara 4ª del Crimen, tras un juicio abreviado en el que confesó la autoría de todos los hechos.

Si bien la víctima no asistió a la audiencia, se conoció que afronta secuelas psíquicas irreversibles. Al martirio de haber sido violada durante años por su “padre” ahora se suma la incapacidad de comprender que quien la sometía y no la dejaba salir de la casilla que compartían no era su progenitor. Los vecinos creyeron durante todos esos años que se trataba de una pareja con sus hijos.

El condenado, D.J.R., inició esta cruenta historia hace más de tres décadas en Orán, Salta.

Una niña de 18 meses se encontraba dentro de un cajón de tomates abandonada, sin vestir y llorando sobre sus propios excrementos. Pasó una vecina, se preocupó y la madre de la pequeña se la dio. Esta mujer la recibió en guarda hasta que el protagonista de esta historia dijo que él era el padre biológico, por lo que terminó inscribiéndola como propia.

La niñez de la víctima fue durísima. Primero convivió con quien creía era su madre y luego con una concubina del padre. En ese período, recibió golpes y maltratos de todo tipo. Luego, la pareja de su “papá” abandonó a este, y allí habrían comenzado las violaciones.

A los 14 años la niña tuvo su primer hijo, fruto de la relación “incestuosa”. Ya en Córdoba, el “matrimonio” a los ojos de todo el vecindario comenzó a tener más hijos, hasta completar la media docena. El abusador fraguó documentos para inscribir los chicos a nombre suyo y de ella, pero con otro apellido. Se valía de una tirilla de DNI falsa, para que la muchacha tuviera un apellido diferente.

El hombre cuidaba autos en la zona del Nudo Vial 14, frente a un conocido bar temático, y no dejaba que la sometida asomara la nariz fuera de los límites del terreno alambrado. El régimen de degradación era extremo, con castigos y amenazas.

Casualidad. Bajo estas condiciones, sería muy difícil que se descubriera la situación de reducción a la esclavitud y sometimiento sexual. Pero una casualidad permitió que D.J.R. y la macabra escena que ocultaba salieran finalmente a la luz. La mujer era incapaz de desafiarlo cuando él la amenazaba o golpeaba, pero cuando esto ocurrió con uno de sus hijos-hermano, salió en su defensa.

Tras empujar a D.J.R. para que no agrediera al niño, huyó de la casa y se internó en un pasaje de la villa. En el momento en que D.J.R. estaba por alcanzarla con un machete en la mano, apareció un móvil del Comando de Acción Preventiva (CAP), que rescató a la mamá desesperada.

A partir de esto, pese a cierta lentitud judicial, un año más tarde salió una exclusión del hogar. A pesar de que el hombre violentó varias veces esa medida restrictiva, su ausencia permitió que una vecina que ayudaba a la chica descubriera que el marido excluido era el “padre” de la chica.

Tras la detención del depravado, la investigación judicial hizo posible arribar a la verdadera identidad de la víctima, ocultada por el protagonista de esta historia.

El ADN practicado a ambos no arrojó patrones genéticos comunes, por lo que se arribó a la triste conclusión de que, de manera premeditada, había fraguado documentación para tener una niña que luego sería víctima de sus perversiones.

Condena. Dos años y medio después, la defensa de este hombre llegó a un acuerdo para celebrar un juicio abreviado. La fiscal de la Cámara 4ª, Laura Battistelli, pidió 20 años de prisión, pena que confirmó el tribunal.

Los cargos son numerosos debido al profuso cuadro de hechos y a los daños ocasionados a la mujer y a los hijos de ambos.

La fiscal dijo que la víctima presenta signos de sometimiento graves. Se quejó del “daño colateral” a los hijos, que deben figurarse una nueva situación al enterarse de la identidad de su madre y el extraño vínculo que los une. Si para un niño es difícil representarse la condición de “madre-hermana” y reconstruir su identidad a partir de esa figura, para la mamá el proceso resulta una quimera. Más ahora que debe entender que el “padre” que la violaba además no era su padre.

Curiosamente, ella y sus hijos menores viajaron a Orán, donde está la madre que la entregó. Durante la pesquisa, el hijo mayor defendió al padre.

Figuras penales

Condenas. Las figuras penales por las que fue condenado ayer D.J.R. a 20 años de prisión en juicio abreviado, son las siguientes:

Abuso sexual. Por las violaciones a la mujer, lo hallaron culpable de "abuso sexual con acceso carnal reiterado agravado por la guarda, seis hechos".

Sometimiento. Por el encierro a al que sometió a esta chica, "sometimiento a la servidumbre, agravado por la guarda".

Supresión. Por haber fraguado la identidad de los niños que tuvo con ella, "supresión de estado civil reiterado, cinco hechos".

Lesiones. Una de las figuras "menores" fue "lesiones leves reiteradas, cinco hechos".

Amenazas. "Coacción calificada", por las amenazas proferidas a la mujer para evitar cualquier defensa o reacción.

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