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Violencia en la escuela: qué podemos hacer

Hay dispositivos de intervención que parten de entender este problema como la carencia de recursos para resolver situaciones conflictivas.

28 de noviembre de 2016 a las 12:11 a. m.
Silvia Boccardo (*)
Violencia en la escuela: qué podemos hacer
Caja de resonancia. La institución educativa no está socialmente aislada. (Foto: Pedro Castillo / Archivo)

En la actualidad, la violencia ha adquirido una amplia visibilidad y preocupa a vastos sectores de la sociedad, por los riesgos que ocasiona. La comunidad educativa no está al margen de esta realidad. Se viven situaciones de inseguridad o daños en los hogares y en el barrio. A veces, la atmósfera escolar misma se ve atravesada por fenómenos vinculados con la violencia que ocurren en el interior o en el entorno cercano a estas instituciones.

Es necesario promover el tratamiento de este tema desde la escuela. Quienes estamos abocados a esta problemática podemos intervenir a través de acciones tendientes a fortalecer valores democráticos y desarrollar competencias para el ejercicio de la ciudadanía en los niños y jóvenes.

El clima de violencia afecta las condiciones de enseñanza y aprendizaje. Además, como sociedad, no podemos ser indiferentes o estar ajenos a un situación que está presente en la vida cotidiana dentro y fuera del establecimiento.

Las escuelas no están al margen de todas las crisis sociales, políticas y económicas, pero siguen siendo un lugar desde el cual se pueden sostener proyectos, en tanto y en cuanto los docentes también sean capaces de acompañar en una tarea conjunta a los alumnos. El sólo hecho de que hoy estemos discutiendo y hablando sobre este tema, pensando estrategias colectivas para darles soluciones, es una señal muy positiva porque significa que en nuestro entorno existe preocupación por este tema, interés por comprenderlo, por repararlo y por prevenirlo.

Violencia: qué es

La idea de violencia es una representación social que varía según las épocas, las culturas y las perspectivas de los actores. El concepto “representaciones” alude a la manera en que percibimos e interpretamos algo. Se conforma según el marco de referencia personal, los valores dominantes y aquellos de la cultura a la que pertenecemos.

En la conducta violenta se puede leer un mensaje que necesita ser traducido y transformado en reflexión y palabras, que no pudo ser simbolizado y se expresa en una acción. Tal vez sin saberlo, algunas de las personas involucradas comunican a través del acto una necesidad, una emoción o un sufrimiento.

Ser testigo de un hecho de violencia produce un estado de rechazo que nos impulsa a buscar culpables, lo cual tiende a simplificar erróneamente las causas del problema.

Esta predisposición a simplificar dificulta las estrategias de prevención porque no nos permite analizar en profundidad las verdaderas causas.

El tipo de situaciones ante las cuales la escuela debe responder es de índole diversa. Se podrían describir al menos seis formas: maltrato infantil en el hogar; agresiones entre alumnos; agresiones interpersonales entre docentes, alumnos, padres y demás miembros de la comunidad educativa; daños a las instalaciones educativas; violencia institucional promovida desde la propia escuela e influencia de los mensajes violentos, transmitidos por los medios de comunicación o el entorno social.

La violencia entre pares debe ser entendida como una modalidad de conducta en la cual el alumno pone de manifiesto su escasez de recursos para resolver conflictos. Es allí donde se deben promover el desarrollo de competencias psicosociales, como las habilidades para las relaciones interpersonales, la capacidad para establecer vínculos, el aprendizaje cooperativo, entre otros.

Hace referencia a una serie de hechos en los que uno o más alumnos hacen valer un tipo de poder porque se consideran más fuertes o valiosos sobre uno o varios compañeros a los que consideran débiles o rechazables, causándoles un daño físico o psicológico. Estos hechos pueden darse en el grupo de compañeros de clase o con otros alumnos de la institución. Estos sucesos pueden tener diferentes modalidades como: intimidación, acoso, extorsiones u otras agresiones. Generalmente ocurren en lugares donde no hay mayores.

Algunas reflexiones para un espacio saludable son: enfocar el análisis en la conducta y no en la persona; no dañar la autoestima del alumno a través de cualquier sanción o crítica y poner límites por la necesidad de equilibrar al grupo y proponer un “pacto u oportunidad” para reparar el daño y propender a la integración.

La escuela, aún con sus dificultades, inscribe una diferencia entre quienes la transitan y quienes no. “Al menos están en la escuela y no en la calle” es una frase que se escucha cotidianamente. Es preciso tener en cuenta que la caja de resonancia de la violencia en las instituciones educativas tienen una matriz que no es otra que la violencia familiar y sus derivaciones.

(*) Silvia Boccardo es licenciada en Psicología y psicoanalista, doctoranda en Administración y Gestión de Políticas Públicas. Exdirectora de Prevención de Violencia Familiar de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf, Ministerio de Justicia).