Vacaciones: sólo se trata de disfrutar
No aumentar las tensiones ni las obligaciones. Recomendaciones para tratar con los niños, elegir la comida adecuada y, sobre todo, la actitud correcta para encarar este período sin sentirse obligado a hacer más actividades que las que se pueden realizar en este breve paréntesis.
Vacaciones, cambio de rutina, tiempo libre o hijos con tiempo libre. El paréntesis de mitad de año es una oportunidad para la recreación, el descanso, el encuentro y la incorporación de nuevos hábitos. La ansiedad puede afectar este momento, por lo que es importante programarlo y abordar cada faceta. Sobrecargar de actividades al niño y que ningún momento sea de ocio y sí un ajetreo no es la opción más adecuada, afirma Evangelina Ficetti, presidenta del Colegio de Psicopedagogos de la Provincia de Córdoba. La especialista aclara que las salidas no necesariamente son un esparcimiento y que los niños necesitan momentos de vacío, de aburrimiento, que despierten la creatividad.Por otro lado, reconoce que hay docentes que temen que en las vacaciones los niños se olviden de lo aprendido y que por ello pueden asignar tareas para el hogar. "Eso muestra que el concepto de aprendizaje subyacente es el de un volcado de contenidos y de una memorización", explica. "El aprendizaje es una construcción; el contenido nunca se incorpora al sujeto y permanece en forma pura. Al igual que en el organismo una manzana deja de ser una manzana para transformarse en nutriente, el niño se apropia del conocimiento anterior, del cual surge un mecanismo propio o un aprendizaje nuevo. El objeto de conocimiento se acomoda a esa estructura", añade.Ficetti admite que se pueden asignar actividades de aprendizaje para las vacaciones, pero que tengan un marco lúdico que pongan a prueba estrategias cognitivas. "Sí es bueno que pongan a prueba mecanismos y estrategias cognitivas para aprender, por ejemplo, el juego, como los juegos de mesa, en los cuales haya reglas que haya que comprender, pero en un marco lúdico". Las salidas a lugares especiales no están mal, pero tampoco son la única opción. "Los chicos siempre suplican por jugar con sus padres, el niño necesita su mirada. Tiene que ver con compartir, ponerle el cuerpo, como cuando hay que tirarse al suelo para estar al lado de ellos", añade. A veces, considera, es más fácil llevarlos a pasear, para que se distraigan, se cansen y luego se acuesten, pero eso no alimenta el vínculo. Se puede apelar a estrategias recreativas sin salir de casa. Comidas rápidas. Otro error es el de confundir la salida recreativa con la salida gastronómica: es decir, al local de comidas rápidas. La licenciada en Nutrición Maria Laura Visentini no recomienda prohibir comidas, pero sí programar la alimentación del periodo. "La palabra 'planificación' resume todo. En cambio el término 'desterrar' no es el más adecuado", grafica. Si el niño desea comer, por ejemplo, hamburguesas, papas o pollo fritos, se puede moderar la porción y no asociarlo con la rutina de las vacaciones. Además –dice– se puede compensar con platos de comida saludable antes y después. Adoptar esta medida no sólo está relacionada con una decisión familiar de acostumbrar al niño a comer sano, sino que el exceso de grasas y azúcar, y los cambios bruscos en la ingesta pueden producir trastornos digestivos. Se puede también apelar a soluciones intermedias, como la elección de bebidas gaseosas light . "Y, aunque haga frío, es una excelentísima oportunidad de hacer actividad física", dice Visentini. Aunque, como dice Visentini, las vacaciones son una buena oportunidad para iniciar programas de ejercicio físico, a veces espontáneamente aumenta el esfuerzo. Jorge Franchella, médico especialista en Medicina del Deporte (ver página 8), recuerda que es un momento en el que son habituales los traslados con cargas adicionales, viajes, situaciones de incomodidad (como hacer colas en espectáculos públicos, terminales o aeropuertos, por ejemplo). "Si no se toman recaudos, estamos convirtiendo recreación y vacaciones en pequeños diferentes riesgos", destaca. Y asevera que, de no estar prevenidas, las personas que están de vacaciones se convierten "en una especie de gladiadores". Estrés. Pablo Cólica, especialista en Medicina del Estrés, ratifica que las vacaciones en algunas oportunidades se convierten en un estadio en el que aumentan las tensiones, en lugar de que las supere el disfrute. "Una de las cosas que creo que hay que evitar es preocuparse mucho por viajar a destinos muy demandados en la época; porque desde el hecho de conseguir pasajes hasta los mayores costos, agregan un factor de estrés", reflexiona. Cita, como segundo punto a tomar en cuenta, que no hay que adoptar los mandatos de la moda, sino hacer –y, antes, reconocer– lo que a uno realmente le gusta."Hay que encontrar y preservar el placer por lo que se tiene. Si uno está en familia, el sólo hecho de viajar con ella es algo para disfrutar".Acudir, como en una cita obligada, a los centros de moda porque allí están los exponentes de los ámbitos en los que se circula, tampoco es la mejor alternativa. "Hay obligaciones tácitas: desde la ropa que hay que usar, hasta las actividades que hay que realizar", ejemplifica. Trabajo, fuera. Cólica también sugiere no llevar trabajo a la casa durante ese periodo y, si no es posible evitarlo, no mezclar los momentos de ocio con los de obligación. "En los momentos que se comparte en familia o que se descansa, realmente hay que desconectarse. Si es preciso, no hay que viajar en caso de que haya trabajos pendientes y sí, en cambio, se puede apelar a lo que a uno le gusta en el lugar en el que está". En ese sentido, asegura que muchas veces se aprovecha mucho más la convivencia en el hábitat natural y no en ámbitos artificiales, a los que se suele acudir para evitar abordar algunos temas profundos o encarar conversaciones que necesitan los integrantes de la familia o el grupo. El temido regreso. Si un niño no se siente feliz en la escuela o un adulto no la pasa bien en el trabajo, el regreso puede ser más duro después de unas vacaciones en las que se logró el placer. Cólica recuerda que se define como "síndrome posvacacional". Si tiene que reinsertarse en un lugar donde no le gusta estar, el regreso empeora el malestar.Finalmente, existe la ansiedad anticipatoria, cuando la personase pone cada vez más ansiosa a medida que se acerca el momento del final de las vacaciones y el regreso. Es por eso, dice Cólica, que estos periodos "se deben utilizar para pensar qué tipo de vínculo se tiene en la familia, buscar auxilio si hace falta, afianzar las relaciones, trabajar los afectos y no aumentar el nivel de consumismo". No se trata de disfrutar más de lo que se tiene, sino, simplemente, disfrutar.

