No es una prueba
El proceso de incorporación a un primer trabajo puede asumirse como una suerte de prueba o examen, con mejores o peores resultados. Julio Calles.
El proceso de incorporación a un primer trabajo puede asumirse como una suerte de prueba o examen, con mejores o peores resultados, o un proceso de adaptación y aprendizaje en el marco de una estrategia de incorporación de la organización. Generalmente, el concepto de proceso de aprendizaje mutuo se frustra cuando existe una sobre expectación y se manejan aspectos muy idealizados como metas tanto de la persona que ingresa –auto exigencia extrema– como sobre expectación de la organización. Esto es un verdadero problema que hoy las organizaciones están tratando de resolver, pues cuando esto deja de ser un aspecto manejable, es decir controlable, la auto exigencia implica una serie de tensiones que seguramente concluirán en el desajuste al perfil buscado. Y la idea de incorporar un “empleado ideal”, generará exigencias no realistas en el juicio del líder, de la organización en si, que decepcionará seguramente sus expectativas. La persona que sufre estas circunstancias ya no vive una situación de estrés “virtuosa”, positiva, impulsora de sus mejores rendimientos, sino una situación de distrés, de bloqueo, de pérdida de su seguridad, debido generalmente a la excesiva auto exigencia o por la organización. ¿Qué podemos hacer? Primero cambiar, concebir y dar a entender claramente a la persona que su ingreso, es dado dentro de un proceso de aprendizaje mutuo. Las acciones que llevamos a cabo en todo proceso de incorporación deben conducir a crear un clima de confianza, lo que permitirá que se generen fuerzas transformadoras y adaptativas, y no de bloqueo o inseguridad. Las diferentes instancias del proceso deben realizarse con esa consigna.

