Lacan está más vivo en Argentina que en Francia
Los pacientes no suelen tener mucha información sobre la dirección de la cura.
Alejandro Dagfal es licenciado en Psicología, y se doctoró en Historia en Francia como parte de un camino que comenzó con el humilde interrogante sobre cómo se había creado la carrera de Psicología en la ciudad de La Plata.
Después –relata–, esa primera pregunta lo llevó a indagar sobre la historia de la Psicología en la Argentina, lo cual, a su vez, lo condujo hacia la corriente que en nuestro país tiene mayor penetración que en el resto del mundo: el psicoanálisis.
"Y, al mismo tiempo, estudiando ese tema surgió, como una especie de evidencia, la importancia del pensamiento francés para entender lo que pasaba en Argentina. Para armar ese rompecabezas, hacían falta algunas piezas que estaban en Francia, que ni siquiera habían sido investigadas allí. Así que después de investigar seis años aquí tuve que pasar seis allá", describe. Como toda historia viva, la evolución de la Psicología en el país continúa sorprendiendo. Dagfal recuerda que hay más de 60.000 estudiantes en las diez carreras que existen en las universidades públicas y en la treintena que se dictan en las privadas. Y que los psicólogos constituyen el cuarto colectivo profesional detrás de los abogados, médicos y graduados en Ciencias Económicas. Las corrientes psicoanalíticas siguen teniendo una enorme presencia, a tal punto que "Lacan está más vivo en Argentina que en Francia", afirma. La siguiente pregunta, en este camino de indagación, fue qué sucedió para que ese psicoanálisis, terminara siendo hegemónico. ¿Por qué un discurso que tenía que ser contracultural se convirtió en un discurso que se impuso en la cultura? Parte de la respuesta tiene que ver con la difusión que logró a partir de la creación de las carreras de psicología, a fines de la década del '50. No sólo no hubo entonces oposición entre ser psicólogo y ser psicoanalista, sino que casi pasaron a ser sinónimos. "Fue como una alianza de época", resume. Ya a fines de los sesenta comenzó a implantarse el psicoanálisis lacaniano, que se convirtió en excluyente a partir de los '80. Y ahí sí, ser psicoanalista pasó a ser considerado por muchos como "mejor que ser psicólogo". –Hoy, cuando un paciente llega al psicólogo generalmente no ha investigado mucho sobre su orientación y sí sobre cuestiones más pragmáticas. –Es cierto, generalmente llega por referencias de conocidos y no le pregunta al terapeuta sobre sus referencias teóricas. –¿Y debería hacerlo? –Si uno quiere saber hacia dónde va a apuntar la terapia, sería una buena pregunta. Lo que pasa es que, generalmente, los pacientes tampoco tienen mucha información sobre cuál sería la dirección de la cura en función de la teoría de referencia. Más allá de que hay ciertas generalizaciones en el sentido de que con un lacaniano te angustiás, que los freudianos hablan poco o que los cognitivos van más rápido. Es un poco una caricatura, muy presente en el imaginario social, pero que no necesariamente se compadece con la realidad. –En los últimos años también se han popularizado psicoterapias diferentes del modelo que tienen los argentinos, que incluyen a un profesional que dialoga más con el paciente, como se ve en el programa televisivo de ficción "En terapia". –Es que el psicoanálisis, más allá de su enorme popularidad en la Argentina, es una psicoterapia más entre cientos de formas posibles. No obstante, al mismo tiempo, es la psicoterapia que sirvió de modelo para todas las demás. El programa de televisión "En terapia" en cierta medida da la pauta de un dispositivo que tiene que ver con el psicoanálisis, que implica la atención en el consultorio, privilegiando la escucha y la interpretación. Incluso se ve que el terapeuta tiene una supervisora. Todas esas cosas fueron instauradas por el Psicoanálisis. Sin embargo, por la forma de intervenir, de interpretar, también se nota que se utilizan otros marcos teóricos. De alguna manera refleja el eclecticismo que impera actualmente en el campo de las psicoterapias, en el que abundan las "terapias relacionales" y las llamadas "integrativas", que se basan en una interacción entre el paciente y el terapeuta y en cierto tipo de interpretación, que puede variar muchísimo según la teoría de referencia. A tono con los nuevos tiempos, por un lado, son muy eclécticas y pragmáticas (todo sirve en la medida en que "funcione"). Por otra parte, aunque sea menos obvio, esas terapias tienen sus raíces en el Psicoanálisis. –Aparentemente, en esa relación hay un vínculo, o por lo menos un diálogo, que en el Psicoanálisis tradicional no se ve. En apariencia, el conflicto aparece más rápidamente. –Un psicoanalista quizás diría: "Sí, el conflicto aparece más rápidamente, y también desaparece más rápidamente. Pero el problema es si no vuelve a aparecer por otro lado". Uno podría preguntarse en qué medida esos conflictos profundos se pueden elaborar en pocas sesiones, como una especia de ortopedia, como muletas que sirven para andar un tiempo pero que ya después no cumplen su función. Aunque también cabe la pregunta de qué pasa cuando alguien necesita caminar con muletas durante diez o quince años. –Otras prácticas, como la del consejero, se parecen todavía más a la ortopedia. –El counselling está muy expandido en Estados Unidos y Europa y realmente está muy a tono con la cultura de la época (la demanda de eficacia en tiempos breves, con objetivos pautados de antemano, etc.). Pero, como cuando uno lleva el auto al taller, ya las primeras consultas muestran que no hay un único problema, sino que van apareciendo varios.
El counselling está más focalizado, apunta, por ejemplo a las personas que tiene dificultades para hablar en público, para rendir exámenes orales, trabaja sobre síntomas específicos. En todo caso, desde un punto de vista histórico, no se trata de evaluar si lo que se hace hoy en día está bien o mal. Esas son las disputas propias del campo profesional. Como historiador, a uno le toca tomar cierta distancia para tratar de entender hacia dónde apuntan, de dónde surgen las distintas teorías y prácticas. Cuando investiga, uno no pretende ser fiscal ni abogado defensor, sino entender por qué existe lo que existe.
*Licenciado en Psicología, doctor en Historia e investigador del Conicet | Autor de Entre París y Buenos Aires: La invención del psicólogo

