La ficción y sus actores
La inédita importación de naftas por parte de YPF sacudió de un cachetazo la mirada atontada de un país aferrado a una ficción en materia energética. Una ficción en la que la propia empresa cumple un papel clave, desde que decidió convertirse en el intérprete ideal del desacople de precios y la carrera de subsidios oficiales para equilibrar un esquema de salarios bajos.
Ayer, dirigentes y ejecutivos del rubro afirmaron que la importación estaba programada desde hace tres meses y que es sólo para cubrir el bache que generarán las paradas técnicas de las refinerías en Luján de Cuyo y La Plata. Pero cuando a YPF le tocó explicar el porqué de la medida, eligió otro camino y cargó contra sus competidoras. La razón: quiere achicar su altísima cuota de mercado. En gasoil, el principal combustible líquido que consume el país, YPF absorbe casi 60 por ciento de las ventas.
Parece un contrasentido, pero es la consecuencia no deseada de la sintonía fina del grupo Eskenazi con los Kirchner y de las políticas (ausentes) para el sector. La Federación de Expendedores de Combustibles (Fecac) cree que la producción de naftas debería ser suficiente para abastecer al mercado y que se trata de un caso puntual de YPF.
Para el ex secretario de Energía Emilio Apud, son los primeros síntomas de una política errática, sin incentivos de inversiones y descapitalización del sector. "Empieza con las naftas; luego serán el gas y la electricidad", aventuró. Entre esos extremos navegan la ficción energética, sus intérpretes y los consumidores.

