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"La familia es la que más sufre"

Fabián Hosen tiene 47 años y convive con la diabetes desde hace cuatro. Se la diagnosticaron luego de que un ataque de glucemia lo dejó ciego por 15 días.

20 de marzo de 2013 a las 12:02 a. m.
"La familia es la que más sufre"
DIABETES. Fabián Hosen convive con la enfermedad hace cuatro años (Javier Cortéz/La Voz).

Hace cuatro años me dijeron que tengo diabetes tipo 2. Fue después de un viaje a Villa Dolores: venía por la ruta con mucho sueño y al principio pensé que era sólo cansancio, pero después fui al médico y resultó que tenía los valores de la glucosa altísimos. No le llevé mucho el apunte a los médicos y un tiempo después me atacó la vista: un día me desperté y no veía nada. Creí que tenía los ojos pegados, pero no, estaba como ciego.

Por suerte no me desesperé. Sin saber de qué se podía tratar, fui al hospital y me dijeron que era a causa de la diabetes. Entonces, empecé el tratamiento y de apoco me recuperé. Pero como esta enfermedad es silenciosa, o sea que cuando los valores son normales no da síntomas, uno vuelve a la vida de antes.

Un poco por eso y otro poco por mis obligaciones diarias, abandoné varias veces el tratamiento y entonces tuve varias recaídas.

Creo que la causa de mi diabetes fue el estrés, porque en una época de mi vida tuve problemas familiares y económicos, y supongo que eso desató todo. Además, tengo un familiar que también padece esta enfermedad.

La última vez que volví al hospital también fue por la vista, y me di con la noticia de que soy insulinodependiente. Me inyecto una vez al día antes de cenar y tomo dos pastillas 
diarias.

Tengo un taller mecánico. Para un trabajo como este, en el que estoy todo el día afuera de mi casa, tener diabetes es casi una maldición. Además, esta es una profesión del alto riesgo por las consecuencias que me pueden traer los golpes y raspaduras. De hecho, mis piernas ya tienen rastros de la enfermedad. Pero no pienso dejar de hacer este trabajo: para esto estudié y esto es lo único que sé hacer.

Ser diagnosticado como diabético fue un completo cambio en mi vida. No sólo me indicaron que haga ejercicio físico, sino también una dieta: los lácteos deben ser descremados, no debo comer tanto pan, ni papa, ni arroz y optar por la carnes magras. Lo ideal es comer muchas verduras y consumir productos light .

Lo de actividad física no lo puedo hacer, porque trabajo todo el día. Y lo de la alimentación intento seguirlo de la mejor manera posible. Un gran inconveniente para mí es el costo de los productos light . Pero lo hago, me alimento de la manera más sana posible.

Una decisión que tomé en relación con mi cambio de hábitos es cortar el trabajo a mediodía para venir a comer a casa. En eso, mi esposa es la que más me ayuda, porque prepara la comida especialmente para mí. En este sentido, la familia es la que más sufre, porque ellos también deben cambiar su estilo de vida para acompañarme.

Además de inyectarme insulina, tomar las pastillas y medir mis niveles de glucosa, me debo revisar los pies y no dejar de visitar al oculista. Lo de la vista es mi mayor problema. Ahora, por ejemplo, no veo totalmente bien; entonces uso lentes viejos para trabajar. Son lentes que me habían recetado cuando tuve las primeras cegueras. El estilo de vida actual y las preocupaciones a las que estoy sometido son una bomba de tiempo que conspiran contra la diabetes. Son cambios muy repentinos, que voy asumiendo de a poco.

Las dos cosas que más cambiaron en mi vida a partir de esta enfermedad son, por 
un lado, la tolerancia. Esta enfermedad te hace perder el sentido del humor, te cambia el carácter.

Y, por otro lado, tener que aguantarme las ganas de comer cosas que me gustan mucho, como un alfajor, o una milanesa con papas fritas. ¿A quién no le gusta comer todo eso? En los talleres mecánicos es muy común hacer los asados los sábados a mediodía. No he dejado de organizarlos, pero trato de comer más verduras y poner carne con menos grasa.

También debo dejar de 
fumar, algo que aún no he logrado.

Si hubiera hecho las cosas bien desde el inicio, no hubiera llegado a esta situación: tal vez no dependería de la insulina y hasta podría tener algunos permitidos en la comida, pero hoy mi situación no me lo permite.

La diabetes es una enfermedad silenciosa, y si el paciente no se cuida, termina siendo un pedazo de persona.

No es fácil, pero tampoco imposible. Es cuestión de aceptarlo y aprender a vivir de otra manera.

Producción periodística. Romina Martoglio.

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