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"Hay pacientes que usan al Dr. House como interconsulta"

Ricardo Theaux, director general de la Clínica Universitaria Reina Fabiola. Sobreinformación: hay más difusión sobre enfermedades, pero esto no puede reemplazar la consulta al médico ni limar la confianza hacia él.

18 de abril de 2012 a las 12:02 a. m.
"Hay pacientes  que usan al Dr. House como interconsulta"
(Sergio Cejas/LaVoz).

-En el ingreso de la clínica reza "La verdad os hará libres", y eso parece relacionarse con la forma en que se comunica hoy la enfermedad. Antes, había una suerte de comité familiar que decidía si se le decía o no o cómo se le informaba a un paciente sobre su enfermedad. Ahora hay un sinceramiento con el paciente. –Que la comunicación con el paciente está más abierta no me cabe la menor duda, y creo que es muy positivo, porque la medicina ha tenido un vuelco en múltiples aspectos. Antes, el médico era el que decía lo que tenía el paciente y, a partir de ahí, se generaba toda una situación en la que se lo respetaba a rajatabla. El hecho de que el médico es el que sabe y plantea el panorama no ha cambiado, pero cada vez más necesita de la cooperación del paciente, porque debe haber una aceptación. Para que coopere tiene que estar informado; para poder decidir, debe estar informado. Pero no en todas las situaciones es fácil o 100% posible, por ejemplo, en niños o personas que no están conscientes o cuyo nivel de estado de vigilia no lo permite. Ahí tendrá que participar la familia o quizá con el propio paciente uno tiene que ser un poquito, por llamarlo de alguna manera, psicólogo. Es necesario ver qué le está pasando, porque a lo mejor yo le puedo hacer mucho daño con esa información. Si yo veo que hay un paciente que está haciendo una negación, de nada serviría que insistiera y lo más probable es que no coopere en el tratamiento. Hay que saber manejar esto, para saber hasta dónde tienen que informarle. –¿Y esto ha cambiado en los últimos años? –Sí, porque antes incluso un médico no aceptaba que un paciente le dijera que no o cuestionara en lo más mínimo su tratamiento. Sólo se lo informaba. Esto a lo largo de los años permitió que el paciente cooperara, pero para que pueda cooperar también se necesita información y la apertura del médico, que no piense que es omnipotente, sino que necesita, por empezar, de todo el equipo de salud, del paciente y los familiares. Lo único que a mí me preocupa es que, como en muchas cosas, pasamos de un extremo a otro: de tabúes a la apertura total. De hacer respetar las cosas a rajatabla y ser rígidos a ser tan blando y permisivo que ya nadie sabe cuáles son las reglas y las normas. ¿Hacia qué tiende esto? A que hoy se habla por ejemplo de que el dueño de la situación es el paciente. Hoy un paciente tiene la libertad de tener su historia clínica, disponerla cuando él crea necesario y recurrir a otro profesional para una interconsulta. Eso está bien, pero se está tendiendo a una medicina defensiva. Como el médico sabe que el paciente tiene tanta libertad, muchas veces le pide una serie de estudios y no todos hacen falta, pero a veces lo hace para cubrirse, para que otro profesional no diga: "A usted le faltaba tal cosa". Cuando el paciente es el dueño y decide por su salud, cabe preguntarse: ¿Qué sabe de salud? ¿Qué estudió? Nada. Muchas veces lee por Internet y baja cualquier tipo de información. –O cita a "Doctor House". –Hay pacientes que usan al doctor House como interconsulta. Y es cierto que en el programa toman parámetros más o menos reales, pero convengamos que son situaciones show. Desde el vamos, escapan a un contexto. Una misma situación en un contexto distinto puede plantearse de formas muy diferentes. El médico estudió para formarse en eso. A mí me preocupa mucho el peligro de los extremos, es decir, el que uno se crea omnipotente, que puede hacer lo que quiera y no tenga que informar a nadie, al descontrol total. ¿Qué es lo que está pasando ahora? Que nadie es dueño de nada. Uno pregunta: "¿Quién es su médico de cabecera?". Y responden: "Por tal cosa me ve tal médico; por tal otra, otro médico, pero en realidad sobre eso consulté a tres, porque el primero no me convenció". Y ¿quién organiza todo eso? –¿Qué recomendaciones puede dar a un paciente o familiar para que pueda matizar la información que le llega por múltiples medios? –Sería sencillo si todos fuéramos razonables. Esto lo dije hace poco, cuando estábamos abarrotados de consultas en la época de la neumonía. Y sucede que, ante problemas anormales, se apela a soluciones anormales. Una obra social paga por ejemplo 20 pesos para atender un paciente, yo no puedo creer que se lo vea en 15 o 20 minutos. Como mínimo le lleva media hora entre desvestirse y vestirse. Entonces, ¿a cuántos tiene que ver para ganar algo digno? Estoy hablando de alguien que hace bien las cosas. ¿Qué favorece eso? Que a ese paciente se le pidan múltiples estudios, porque eso evita estar 10 minutos más conversando con él. Esos estudios alguna orientación le van a dar y le dejarán pensar durante unos días cómo encara la situación. También evitarán que otra persona lo critique ¿Qué debería en cambio suceder? Lo que añoramos todos: cuando éramos chicos teníamos nuestro médico de cabecera en el barrio. Uno confiaba en esa persona. Uno ahora sabe que no podría saber todo, pero era el que coordinaba y podía orientar, con el que uno se sentaba a tomar un café y tenía una, dos horas, para conversar. Y yo estoy convencido de que la buena medicina pasa por sentarse a conversar con el paciente.

Un éxito televisivo

Dr. House es una serie norteamericana con ribetes detectivescos en los que un médico talentoso y antisocial encabeza un equipo de diagnóstico y logra descubrir qué patologías tienen los pacientes que se presentan con síntomas confusos. Gracias a develar a tiempo qué enfermedad tienen puede, en la mayoría de los casos, resolver cuadros agudos.