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Desertores del pinchazo

Humor. La vacunación antigripal es una herramienta útil para mantener a raya a los virus de estacionales.

19 de julio de 2016 a las 12:03 a. m.
Desertores del pinchazo

En plena época de olas polares, la vacunación antigripal es una herramienta útil para mantener a raya a los virus de estacionales, pero entre los potenciales destinatarios del pinchazo hay muchos que no sólo niegan la efectividad de las vacunas, sino que les atribuyen propiedades exactamente opuestas a sus beneficios y las evitan sin sentir culpa alguna. "Me puse la antigripal el año pasado y al otro día me enfermé y estuve una semana en cama con 43 de fiebre, sarpullidos en los dedos gordos de los pies, inflamación de pómulos y gases. No me vacuno más", afirma Verónica R., vecina de barrio Efemérides Patrias Segunda Sección, en la cola de la verdulería de la esquina.Por pura casualidad, o por una curiosa pirueta del destino, el pinchazo de la inmunidad gripal coincidió con algún ataque virósico por sorpresa y convirtió a esta vecina en una opositora militante de las campañas de vacunación. "Vaya a saber qué me inyectaron, ya la cara del enfermero me resultaba sospechosa", asegura a sus impresionadas interlocutoras de la verdulería. En este punto, seguramente influida por teorías conspirativas, llega a sostener que fue una suerte de conejillo de indias humano, al que se le inoculó algún tipo suero experimental que después hará ganar millones a los laboratorios. "Y yo me comí una semana en cama y no voy a ver un mango", se queja ante el asentimiento compasivo de su audiencia vecinal.Sin que exista forma alguna de que Verónica R. cambie de opinión, también existe otro colectivo que plantea una férrea aunque más reservada oposición a las vacunas, y es la de aquellos que les temen a las inyecciones y que por lo tanto toman prudente distancia de los centros vacunatorios e ignoran con espíritu olímpico las campañas antigripales.En el momento de analizar los orígenes de esta fobia de la modernidad (no existía hasta que aparecieron las primeras inyecciones a mediados del siglo XIX), los especialistas consideran que muchas veces se adquiere en la niñez cuando algunas madres amenazan a sus hijos jeringa en mano para que ingieran por la fuerza algún caldo o potaje humeante de dudoso gusto.Sin embargo, también puede ser producto de situaciones traumáticas, como las clásicas bromas escolares o de trabajo de colocar clavos miguelito, espuelas o estrellas ninja de punta en sillas banquetas; o de circunstancias especiales, como cuando estudiantes de medicina utilizan a sus novios para practicar extracciones compulsivas de sangre.En definitiva, mitos, creencias en confabulaciones científico-médicas, temores irracionales a pinchazos y el ancestral recelo a ser inoculado con un virus con fines inmunológicos contribuyen a incrementar la deserción vacunatoria, a pesar de las opiniones favorables de miles de vacunados.