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Dejar de fumar, un desafío necesario

Es clave tomar la decisión y no esperar a tener voluntad.

26 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
Josefina Edelstein (Especial)
Dejar de fumar, un desafío necesario
(AP/Archivo)

"Tengo 46 años y fumo desde los 16", cuenta Claudia.

"Cuando empecé, varios de mis amigos y compañeros del Manuel Belgrano fumaban, incluso muchas chicas. Pero yo pensaba que nunca iba a fumar. Veía la dependencia de mi madre con el tabaco y me daba miedo y no quería eso para mi vida. Me puse de novia y Juan me invitaba unas pitadas; me tenté y se pudrió todo. Dejé el cigarrillo tres veces: por un año, por un mes, y en 2009 por tres meses. Ahora estoy intentando de nuevo, tomo vareniclina, lo pienso todos los días, pero hasta ahora no me llegó el día \'D\'", relata.

El testimonio muestra el nuevo enfoque sobre el tabaquismo: "Además de una adicción, hoy se lo considera una enfermedad crónica y recurrente", indica Susana Luhning, neumonóloga y coordinadora de los Consultorios de Cesación de Tabaco del Hospital Nacional de Clínicas.

"Por eso, el tratamiento -explica- es el de cualquier enfermedad crónica: a largo plazo, con profesionales entrenados y enfoque multidisciplinario".

El día "D" en los tratamientos antitabaco es la fecha que se fija para no encender nunca más un cigarrillo una vez comenzado el proceso con un fármaco, que se inicia 14 días antes. En la primera consulta con el médico -generalmente un neumonólogo-, es posible que haga un chequeo de la capacidad respiratoria del paciente y se explica cómo es el proceso del tratamiento que propone.

Los especialistas suelen abordar con comprensión y contención al paciente: no lo retan, sino que le hacen saber que dejar el hábito es un camino arduo, que requiere trabajo y tiempo. Y por eso recomiendan mimarse; que el paciente se dedique tiempo y se dé algún gusto todos los días.

"Con los fármacos, me di cuenta de que físicamente no necesitaba tanto el tabaco, pero queda la dependencia psíquica, que es durísima", asegura Claudia. "Pasaban los minutos, las horas y los días, y era como si hubiese estado en penitencia permanente: me daban ganas de fumar y en el acto me decía: no, no debo, no puedo, pensá en otra cosa, hacé algo que te distraiga ya mismo", confiesa.

La decisión es el 50%. Nada es mágico. Como en toda adicción, desandar una dependencia aprendida y adquirida durante años de placer es un proceso difícil y doloroso.

Siempre se advierte que el 50 por ciento del éxito del tratamiento está en la decisión de dejar de fumar. Parches, chicles, fármacos, grupos de trabajo con psicólogos, nutricionistas y otros pacientes, forman parte del 50 por ciento restante.

Para dejar de fumar, la clave es tener una motivación que lleve a tomar la decisión de abandonar el cigarrillo. "No hablamos de tener voluntad, ya que está inhibida en todas las adicciones", remarca Luhning.

"Una de las características del psiquismo del fumador -aclara- es la ambivalencia (\'ahora quiero dejar, ahora no\'). Por eso, encontrar una razón significativa para dejar se convierte en el motor, en la energía necesaria para vencer las dificultades que aparezcan".

Las principales dificultades que plantea la gente para dejar de fumar son: "La resistencia a perder placer; la sensación de que se pierde un compañero o porque sostienen que tranquiliza; temen los efectos de la abstinencia, aumentar de peso y no poder dejar o volver a fumar", enumera Andrea Maldonado, una de las coordinadoras del Programa Provincial de Prevención y Control del Tabaquismo.

Y las razones para hacerlo, cuidar la salud, y el pedido de los hijos de que no fumen más.