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Hacia el mes de mamá

Fernandito tiene 11 meses y entra al consultorio aferrado a su madre firme, fuertemente, como pegado. Me mira con desconfianza, a pesar de que nos conocemos de toda su vida. 

26 de septiembre de 2014 a las 12:01 a. m.
Héctor Pedicino (Pediatra)
Hacia el mes de mamá

Fernandito tiene 11 meses y entra al consultorio aferrado a su madre firme, fuertemente, como pegado. Me mira con desconfianza, a pesar de que nos conocemos de toda su vida. Viene a control de niño sano y, desafiante, me mira como diciendo "no se te ocurra tocarme, y menos sacarme de los brazos de mi mamá".Con cautela y suavidad, hago las preguntas y la primera parte del examen físico con él en el regazo de su madre. Pero, al querer pesarlo y medirlo, rompe en llanto y lanza una exclamación en pedido de auxilio. –"¡Mamá!".Se entrecruzan las miradas, se rozan sus manos. Analía, la madre, acaricia su cabeza y por arte de magia, súbitamente, desaparecen las lágrimas, vuelve la armonía. Una sonrisa me esquiva y se dirige directa a los ojos buscados. De nuevo en los brazos de su mamá, reina la calma.–"Chau Fer, nos vemos para tu cumple", le digo al despedirlo y él, como si nada hubiera pasado, me saluda agitando su manito regordeta, mientras todavía una única lágrima juega al equilibrista en su mejilla.Como el crítico de la película Ratatouille , un rayo, una luz blanca me lleva a mi vida y a miles de escenas similares: yo "sufriendo" y mi mamá, calmando.No sólo en la infancia ese cordón umbilical, tan invisible como real, que nos remite directamente a mamá, es siempre un consuelo a casi todos nuestros males.