Cáncer: romper el silencio cura el desinterés
Día internacional. Un extraño tabú condiciona su difusión. Instituciones de todo el mundo se han propuesto hoy encarar una campaña para ponerlo en la agenda de prioridades.
El cáncer no es una enfermedad, sino más de 500 patologías y es por ello que el sueño de alcanzar la cura en todos los casos es una simplificación que las evidencias científicas no permiten alentar. Sin embargo, sí es posible promover otra cosa: romper el silencio. Una suerte de pudor mal entendido, un extraño tabú convirtió al cáncer en innombrable. Asociado con la mala suerte y la destrucción del cuerpo, era imprudentemente mantenido oculto.Hablar tiene múltiples beneficios: la creación de redes de contención espontáneas o institucionales, el abandono de hábitos vinculados con algunos tipos de cáncer y la instalación de la consulta temprana para la detección precoz son los más evidentes. Pero las asociaciones que nuclean a pacientes y profesionales y los organismos internacionales tienen también otras metas claves, como la reinserción del paciente en la vida social y laboral y el apoyo durante la enfermedad por parte de Estados, empresas y obras sociales. Además del natural miedo a la muerte o la mutilación que ocasiona el diagnóstico, hay un temor que complica aún más el tratamiento y la recuperación: el de transitar en solitario por esta enfermedad, que involucra dolor, trámites burocráticos y costosos medicamentos.La terminología bélica que atraviesa al lenguaje de la salud ha impuesto palabras como "lucha" o "batalla". Sutilmente, parece duplicar la carga que soporta el enfermo que, si no logra una mejoría ha "perdido una batalla". Nada más injusto. Si hay una batalla, no es individual, sino colectiva. Y si hay un fracaso, definitivamente no es del paciente. Instituciones de todo el mundo se han propuesto para hoy, día mundial del cáncer, encarar una campaña de difusión para ponerlo en la agenda informativa y gubernamental de prioridades. En Argentina, entidades como Macma, la Fundación pacientes de cáncer de pulmón, Linfomas Argentina, Aciapo, Acilca y Tzedaká aseguran que hay que eliminar barreras para el tratamiento. La inequidad es un mal relacionado. Barreras En Argentina se producen 60.000 muertes anuales por cáncer –el 90 por ciento en mayores de 40 años–, lo que significaría que la incidencia es media-alta (2 casos por cada mil habitantes). Las barreras al acceso al tratamiento descriptas por pacientes y entidades que los reúnen son: distancia hasta el centro de atención, costo de traslados y estadías, falta de educación del paciente, burocracia y demoras y ausencia de respuestas. Haydee A. González, presidente de Linfomas Argentina afirmó que estas trabas "afectan a los pacientes y los desalientan. Sobre todo a los más carenciados, a aquellos que no tienen posibilidad de reclamar, ya sea por desconocimiento de sus derechos o por falta de recursos". "Lo más lamentable es que muchos terminan abandonando el tratamiento o vuelven al médico cuando la enfermedad ha avanzado tanto, que sólo les resta recurrir a tratamientos paliativos", añade. Pero tampoco los tratamientos paliativos son iguales para todos. El acompañamiento en el dolor y el sufrimiento ha merecido una especialización porque es tan desgarrador como la propia enfermedad. La profesionalización de esta tarea –sin necesidad de desplazar a la familia, sino fortaleciéndola– también es desigual en el mundo y la Organización Mundial de la Salud promueve su inclusión en la oferta de los sistemas sanitarios, lo que se cumple en forma dispar. Argentina ha logrado institucionalizar esta práctica, pero su acceso no es universal. Tratamiento informativo Por su impacto en la salud pública y en la vida personal y familiar, el tratamiento informativo del cáncer genera controversias, enraizadas, también, con la heterogeneidad de las causas. Hasta genera polémica hacer hincapié en la prevención a través de la adopción de hábitos saludables. Se cree, por ejemplo, que eso fomenta el desconocimiento de las formas de cáncer asociadas con prácticas de intervención no consensuadas en el medioambiente. Controversias aparte, desde este espacio consideramos que enfocarnos en la promoción de hábitos saludables es también una forma de empoderar al lector. Es decir: no hacerlo culpable de su enfermedad, sino facilitador y protagonista de la salud.Adoptar un estilo de vida saludable no es sólo una forma de evitar algunos tipos de cáncer, sino también de disfrutar de una mejor calidad de vida en el día a día. Hablar del tema, despertar sentimientos y controversias no es parcializar, es ser funcional a lo que se retoma como causa: romper el silencio.

