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"Cambiaron las reglas del juego"

Francisco Avaro, ahora es abogado, pero antes era jugador de rugby y ya tenía edad para entrar al seleccionado mayor y ser "Dogo", pero un accidente lo hizo construir otra vida.

05 de septiembre de 2012 a las 12:01 a. m.
"Cambiaron las reglas del juego"

Tengo 26 años y el deporte es parte de mi vida. No llegué a ser Dogo, apodo que tiene el seleccionado mayor de rugby de Córdoba, que compite en el Campeonato Argentino, contra otras provincias, pero sí estuve en los juveniles. Las circunstancias de la vida hicieron que dejara de jugar. Cuando tenía 21 años y ya tenía edad para llegar al seleccionado mayor, tuve un accidente con el auto cuando regresaba de Carlos Paz: venía con mi hermano y nos fuimos a la banquina. No tengo ningún tipo de enojo, fue un momento desafortunado en nuestra vida, un acontecimiento, pero sí la causa de que hayan cambiado las reglas de juego.Tuve una lesión medular que me provocó una paraplejia, es decir, la parálisis de miembros inferiores. A partir de ahí, hice un par de años de rehabilitación intensiva, nueve horas por día, hasta que por las otras responsabilidades –trabajo, facultad– traté de continuar con mi vida y las horas de rehabilitación fueron reduciéndose sistemáticamente. Ahora la hago dos o tres veces por semana y además entreno en el gimnasio, con mis compañeros y amigos del Tala.La esperanza es algo que no se pierde nunca; sí soy consciente de que la lesión es importante (todo lo que va del ombligo para abajo se ve alterado en sus funciones, algunas se perdieron, como la motricidad y la sensibilidad) y que con la rehabilitación física no alcanza, siempre estoy esperando avances de la ciencia o la medicina para ver si puede contribuir.Con mis actividades volví al cauce normal, a mi vida normal, lo que era antes del accidente y el nivel de ansiedad, el querer hacer cosas para volver a caminar, se redujo bastante porque me di cuenta de que, aun estando en la situación en que estoy, no tengo impedimentos para hacer absolutamente nada. Trabajo, me casé, tengo familia, hago deportes, entreno con los chicos del club, salgo, tengo mis amigos, no tengo impedimentos. Fue parte del proceso de aceptar lo que me había pasado, eso es lo fundamental, aceptar lo que pasó, estas son las cartas que tengo para jugar hay que jugar con esto, uno se adapta a las situaciones.Al principio, la rehabilitación sirvió para lograr la autonomía, era acomodarse a otra forma de manejarse por la vida, tanto en lo físico como en lo mental, lo psicológico. El primer año fue clave por la intensidad y la cantidad de horas. Logré una autonomía plena: en este momento me manejo solo, tengo el auto adaptado y con eso voy de un lado para el otro: voy a trabajar, al centro, al súper, lo que hace una persona que puede mover las piernas.Las barreras arquitectónicas de esta ciudad te hace las cosas más difíciles, pero no he dejado de hacer nada por una barrera arquitectónica –una escalera, un cordón alto–, siempre he tenido la personalidad para aceptar eso y pido ayuda. Me costó llegar a pensarlo de esa manera, porque al principio uno se siente distinto, pero con el paso del tiempo, uno acepta lo que le sucedió y lo toma con la felicidad con que uno tiene que tomarlo, es decir, agradeciendo que uno está vivo y haciendo las cosas que le gustan.Algo importante para mí es la contención de los seres queridos, el vínculo más íntimo, mi esposa, mis padres, mi hermano, mis mejores amigos. Sin ellos, muchas veces no habría sido tan fácil y son los pilares para que haya podido salir adelante; pero uno a la noche, cuando apoya la cabeza en la almohada, en tu mente estás solo y, cuando te despertás estás solo y cuando tomás decisiones, estás solo. Creo que duró unos años, entre tres y cuatro años, lograr aceptar lo que sucedía y no tapar tanto, porque muchas veces con el objetivo de sentirse bien uno se llena de actividades y no tiene tiempo para reflexionar y para madurarlo. Es una situación traumática difícil y hay que madurarlo; no sería normal que algún día no me encuentre con el ánimo caído o de mal humor y eso es parte del proceso. Gracias a Dios hoy siento que estoy en otra etapa, o superando esa etapa, si bien hay cosas que sigo extrañando (algunas cosas te dan un poquito de melancolía), pero estoy feliz por lo que he logrado.Mi primer logro fue haberme aceptado de esa forma; el segundo, haberme casado y construir una familia –si bien no tengo hijos, todavía soy joven, tengo tiempo–, otro fue haberme recibido y estar ejerciendo la profesión de abogado, porque cuando tuve el accidente estaba en tercer año de la facultad y gracias a dios no lo abandoné. Tengo que agradecer mucho a mi esposa, que en ese momento era compañera de Facultad, ella era el nexo. Y otro gran logro fue volver a hacer actividad física, que era lo único que tenía pendiente porque había podido hacer todo lo que hacía anteriormente pero lo de no hacer deporte me tenía mal, me enganché con el tenis y un aire, un oxígeno muy importante, entró en mi cabeza.No sabía nada de tenis, era jugador de rugby, que no tiene nada, absolutamente nada que ver, pasé a un deporte individual, supermental, pero encontré con que tenía facilidad y me entusiasmé. Al estar acostumbrado al estrés de la competencia, prepararse para un torneo es lo que me gusta. Hoy, mi vida se reparte entre esas actividades: trabajo, familia, deporte, y este año le sumé el volver al club de otra forma, devolverle lo que me ha dado en estos 20 años (el 90% de mis amigos son de ahí) como colaborador en una división infantil. Es una experiencia muy linda por la energía que me transmiten los chicos.