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Viraje estratégico para una pelea golpe por golpe

Macri sabe que la Legislatura porteña cuenta con los números suficientes para salir airoso del enjuiciamiento político. Horacio Serafini.

22 de julio de 2010 a las 12:01 a. m.
Viraje estratégico para una pelea golpe por golpe

La decisión de Mauricio Macri de someterse a un juicio de la Legislatura conlleva un cambio de estrategia ante la posición defensiva a la que había quedado reducido desde hace una semana cuando la Cámara Federal confirmó su procesamiento por el juez Norberto Oyarbide en el caso de espionaje.

Hasta ayer, la estrategia del jefe de Gobierno porteño se había basado en acusar a Néstor Kirchner de su procesamiento y en reclamar un difícilmente rápido enjuiciamiento oral y público en los Tribunales, para lo que incluso evaluó no apelar ante la Cámara Nacional de Casación el fallo de los camaristas.

El primer elemento, la acusación a Kirchner, se mantiene. Pero ahora relegó el camino judicial, para poner en primer plano lo político-institucional. Decidió hacerlo a través de un mecanismo, el del juicio político legislativo, en el que tiene todas las de ganar.

Podrá, por un lado, exponer in extenso sus argumentos ante la opinión pública, como pretendía hacerlo en caso de un juicio en los Tribunales, pero sin riesgo de que el resultado sea su renuncia a la Jefatura de Gobierno.

La ecuación es muy simple. La Constitución de Buenos Aires prevé el reglamento del juicio político, con dos salas: una Acusadora de 45 legisladores y otra Juzgadora de 15, constituidas en forma proporcional a la representación de cada fuerza política en la Legislatura.

Siendo el PRO primera minoría, en la primera tendrá 30 miembros y en la segunda 10. Y como para aprobar su eventual destitución se requieren dos tercios, Macri no correrá riesgo alguno al finalizar el proceso, que puede prolongarse como mínimo hasta finales de este año.

La decisión de Macri guarda una paradoja. Durante la sesión extraordinaria del martes, el único legislador que propuso el juicio político está en sus antípodas político-ideológicas: Marcello Parrilli, de Nueva Izquierda.

Durante el tiempo que dure el juicio político, Macri contará con una exposición mediática y con el avance de una resolución institucional del caso, que espera actúe como un ariete para lo que prevé será un camino de lento recorrido de la Justicia hasta que decida sentarlo en el banquillo.

Supone, con acierto, que cuanto mayor sea el tiempo que se tome la Justicia, mayores daños tendrá su pretensión presidencial en 2011. Y detrás de esa estrategia ve la mano de Kirchner.

Un legislador del círculo íntimo de Macri sintetizó en estos términos el viraje estratégico: "Es una jugada extrema, en un campo que no estaba en los planes de Kirchner. De acá en más esto será golpe a golpe".