Veo, veo: 1.834 días, ninguna casa y escuelas tomadas
En medio de la inesperada y díscola toma de escuelas, el “veo veo” del gobernador giró la mirada hacia una de las mayores deudas de la gestión: el fallido plan Hogar Clase Media. Daniel Alonso.
En medio de la inesperada y díscola toma de escuelas, cuyo desenlace y consecuencias siguen bajo el techo de la incertidumbre, el "veo veo" del gobernador Juan Schiaretti giró la mirada hacia una de las mayores deudas de la gestión de Unión por Córdoba: el fallido plan Hogar Clase Media. Hace cinco años, el Gobierno provincial anunció una versión propia del Plan Federal de Viviendas II de la Nación, que abarcaba la construcción de 16 mil unidades mejoradas. Pasaron 1.834 días y el plan, reestructurado en 2009, no tiene ni una sola casa terminada.Todos los intentos de resurrección quedaron a mitad de camino y el programa apenas exhibe las obras paralizadas de 1.678 viviendas, demasiado poco para tanta promesa reeditada, frente a la impotencia que desborda a los beneficiarios.No fueron pocos los que, ante la holgura fiscal que ahora tiene la Provincia, susurraron al oído de Schiaretti el consejo de poner plata para quitarse de encima la presión de la defraudación social.De hecho, la decisión de volver a volcar fondos propios, ante la exasperante demora de los Kirchner para remitir el dinero comprometido, ya estaba tomada y el gobernador soñaba con un anuncio bañado en aplausos.Pero se lo soplaron antes de tiempo, tuvo que negarlo y después oficializarlo a las apuradas, empujado por el impacto de la rebeldía estudiantil. Incluso, ayer ni siquiera habló con la prensa para ampliar los datos de lo que, se supone, es una buena noticia.Tan vertiginoso fue todo que el ministro de Obras Públicas, Hugo Testa, en reposo obligatorio por problemas de salud, tuvo que abandonar su lecho, convocado de urgencia por el gobernador, para que sea él quien explique los detalles.Tampoco estaban informadas las empresas constructoras, que de todos modos venían alimentándose de los rumores y ponderaronel anuncio, en especial las que acarrean los costos improductivosde los barrios con trabajos paralizados.Además, en el sector opinan que el manoseado plan ha vuelto a pisar la antesala de la constelación de un año político, durante el cual se confía que la inundación de anuncios de obra pública termine goteando los fondos esperados.Por lo pronto, sin dejar de trasladar la lógica responsabilidad a la Nación, es la Provincia la que ahora reasume, con todas las letras, un compromiso, aunque por ahora su calibre sea chico: al fin y al cabo, mil viviendas son apenas el seis por ciento de aquella promesa de 2005 devorada por el almanaque.

