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Una plancha en el día de la madre

El regalo que Cristina Fernández le entregó al Papa, al igual que el de Evo, tiene un mensaje que no es ­difícil descifrar.

13 de julio de 2015 a las 12:55 a. m.
Redacción La Voz
Una plancha en el día de la madre

Más allá de las lecturas religiosas y eclesiales que se pueden hacer de esta primera gira latinoamericana que acaba de protagonizar el papa Francisco por la "vecindad" de su tierra natal, hay unos datos políticos que se destacan.  Sobre todo porque ponen en evidencia la esencia de algunos de los problemas que se padecen en la región y que Francisco ha venido denunciando. El obsequio que el presidente de Bolivia, Evo Morales, le entregó al pontífice (una réplica de un Cristo crucificado en el símbolo ­comunista del martillo y la hoz) desató polémica a ­pesar de que El Vaticano, con su experta y por lo general paciente diplomacia, lo disimuló. Sólo a una mente pueril se le puede pasar por alto qué "mensaje" quiso dar Evo, el líder absoluto del Movimiento al Socialismo que gobierna Bolivia, con ese regalito al máximo símbolo de la jerarquía católica. Para las mentes pueriles, que siempre las hay, vale aclararlo: la escultura original fue realizada por un sacerdote jesuita, Luis Espinal.En la década de 1970, Espinal adscribía a la teología de la liberación, cuando esa teología de la liberación admitía, en nombre de Cristo, la alternativa de "liberar" con las armas y con la muerte ajena para avanzar en la lucha de clases.Aunque en su paso por Bolivia el Papa se detuvo a rezar en el lugar donde la dictadura asesinó a ese sacerdote en 1980, fue el propio Bergoglio quien, a su tiempo, se opuso a esa praxis cristiana que decía muchas verdades acerca de las injusticias sociales, pero que pretendía –muchas veces– corregirlas con sangre.En fin, no es difícil entender que el objetivo de Evo fue poner a Francisco del lado de quienes todavía hoy sostienen algunos de los postulados de aquella ideología que hoy tiene más prensa pero muchos problemas concretos que, por izquierda o por derecha, nunca se solucionaron en esta tierra. Ningún misterio El regalo que Cristina Fernández le entregó al Papa, más allá de los matices, también tiene un mensaje que no es difícil descifrar. Es el mismo "mensaje" que la Presidenta busca dar desde su "conversión" bergogliana, cuando se dio cuenta de que el Papa había dejado de ser el jefe de la oposición, como le achacaba Néstor Kirchner al entonces arzobispo porteño, para transformarse en un líder mundial al que convenía tener de amigo.Si el Papa Bueno (Juan XXIII) rezó ­alguna vez por Eva Perón (como titula la ­vieja revista cuya tapa le regaló ayer Cristina Fernández a Francisco), ¿cómo el primer Papa "nacional o popular" no va a hacer lo mismo con la sucesora?La opción es pensar que a la Presidenta de la Nación le pareció que Bergoglio se iba a sentir profundamente conmovido por el regalo, cosa que ayer no ocurrió.También los presidentes de Ecuador y de Paraguay, con algunos de sus discursos, intentaron "apropiarse" de la figura o del discurso del Pontífice.El poder es así. Y algunos poderes lo son más que otros. Tanto que a veces caen en la misma desubicación del marido que, para el día de la Madre, le regala a su esposa una plancha.