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¿Un civil para qué?

En la Justicia Federal, en los últimos dos años, hubo más de 30 policías de distintas reparticiones imputados en diferentes casos.

15 de septiembre de 2013 a las 02:14 p. m.
¿Un civil para qué?

"El eje de la política social no es la seguridad, es la construcción de una sociedad en la que creemos que vale la pena vivir. Hay que enfocarse en la lucha contra los mercados ilegales, que son un problema de plata y de negocios, no de pobreza”.

Meses atrás, cuando disertó en Córdoba, el jurista Alberto Binder, miembro del Instituto Latinoamericano de Seguridad y Democracia, reconocido asesor de organismos de cooperación internacional en temas de reforma judicial, política criminal y de seguridad, dio un interesante panorama para tomar en cuenta al planificar una política de seguridad.

Repasó que en todo el país existió históricamente una “lógica de doble pacto entre la dirigencia política (no hizo distinciones de partidos o ideologías) y la Policía, y de esta con la criminalidad”. El primero, dijo, daba autonomía a la fuerza que negociaba con los nichos criminales con algún control territorial. Así, la política se desentendía de la lucha contra el delito, delegaba todo en la Policía, con la condición de que no trajera mayores problemas; la Policía “negociaba” con los delincuentes para que el crimen no generara caos social.

A fines de la década de 1990, este “pacto” se rompió en varias provincias y sobrevinieron las conocidas crisis de las fuerzas (no en Córdoba, aclaró), sin que hasta ahora se haya advertido una solución superadora.

“Se trata de una problemática que cruza a todos los partidos políticos; no hay que volver al viejo pacto, sino que la dirigencia política debe asumir la política de seguridad”, agregó.

En ese sentido, dijo que “existe un debate pendiente sobre un modelo centralizado o descentralizado de la fuerza”.

Ahora se anunció un proyecto de ley para que un civil se ponga al frente de Lucha Contra el Narcotráfico de la Policía, además de un control patrimonial de los jefes de esa área. ¿Un civil es más honesto que un policía? ¿Puede alguien ajeno a la fuerza comandar a un grupo importante de personas adoctrinadas para obedecer a policías bajo un código propio? ¿Qué cambia si la formación y los recursos para investigar continúan siendo los mismos? ¿Sólo en Drogas existen tentaciones para corromperse? Hace menos de un año, fueron imputados 11 efectivos de alto rango de Sustracción de Automotores sospechados de estar detrás de una banda que operaba desarmaderos.

En Protección de las Personas, durante décadas los efectivos visitaron y “controlaron” prostíbulos que estaban prohibidos desde 1937.

En Homicidios, los casos resonantes aún impunes saltan rápido a la memoria: Dalmasso, Arias, Lorenzo, Formento. Además del “Rubio del Pasaje” y muchos más desaparecidos en los últimos tiempos. Sólo en la Justicia Federal, hay más de 30 policías imputados de distintos delitos en los últimos dos años.

Tal vez el escándalo que sacude a la Policía sea un buen punto de partida para repensar las políticas de seguridad y los elementos que se destinan para su consecución.