Un calendario pendiente, entre el ajuste y el susto
En la fecha de convocatoria a las urnas, estará cifrada buena parte de las respuestas.
Frente a la estructura del peronismo cordobés, alineada en el día más obediente de su tradición política, José de la Sota comunicó que buscará ser presidente de la Nación. Quienes descreen de su intención de eludir una nueva candidatura a la Gobernación de Córdoba fueron empujados un metro más a la disyuntiva entre el escepticismo y el calendario.
Pasado casi un año de una elección pedregosa y del paseo por las cercanías del abismo en los primeros días del último diciembre, De la Sota estima haber recompuesto su posición política lo suficiente como para intentar otra vez el sueño de la Casa Rosada.
Si cumple con su palabra, estará abierta otra vez la sucesión en el poder provincial. Juan Schiaretti ya protagonizó una vez ese juego y aspira a reeditarlo, acompañado por Olga Riutort. No quiere internas, sino candidaturas por un consenso orientado a partir de encuestas. Martín Llaryora, que arribó al gabinete provincial desde San Francisco después de aprobar el examen de una elección interna, promete repetir la contienda.
Si De la Sota cumple su palabra, el partido del intendente Ramón Mestre se encontrará con una oportunidad inédita. Por primera vez en años, estará en condiciones de disputar la provincia desde las dos principales ciudades de Córdoba.
Y la fuerza política en simiente que se construye en torno de Mauricio Macri, tendrá un desafío distinto. Aunque hoy el jefe del PRO mida en las encuestas mejor que cualquier competidor por la Presidencia, necesitará estructurar en Córdoba una alianza en condiciones de pelearle al delasotismo, en toda la línea.
Es cierto que compartirá el dilema con Sergio Massa y Daniel Scioli, pero los dos bonaerenses arrancan de posiciones privilegiadas en un distrito más poblado que la ciudad de Buenos Aires.
De la Sota, de todos modos, se está imponiendo una limitación gravosa. Deberá contener a su partido en Córdoba frente a la voracidad de otros candidatos presidenciales, tarea que no es fácil cuando se deja abierta la sucesión. Las versiones de un acuerdo Massa-Riutort lo atestiguan. Y enfrentará a un adversario riesgoso, menos por sus aptitudes de construcción que por su capacidad de daño: el kirchnerismo en retirada.
En la última elección, ya padeció una embestida feroz. Lo desbordó una causa por narcotráfico que, tras la reciente elevación a juicio, sólo dejó mayores dudas sobre su origen político. Pero, en el contexto de la campaña electoral, le significó al oficialismo provincial una sangría considerable.
Porque se asentó, debe ser dicho, en la persistencia de una estructura policial que no le ahorra disgustos al poder político: tráfico de drogas, amotinamientos y, desde ayer, también la extorsión virtual.
Entre los datos que el jefe del Ejecutivo provincial tiene a su favor, en cambio, debe computarse el arbitrio sobre el calendario electoral. En la fecha de convocatoria a las urnas, estará cifrada buena parte de las respuestas.
Esa certeza no es una herramienta que sólo se afila en el Centro Cívico. Viene condicionada por un contexto de deterioro económico y social. Tan incierto que nadie se anima a especular en exceso.
La estrategia de la Casa Rosada es que se hable de cualquier tema menos de la economía en problemas. Un día sirve atacar a la Corte Suprema de Justicia y otro viene bien hostigar a los medios independientes. Una tarde es útil el lanzamiento del satélite argentino y otra la fascistoide provocación de Alex Freyre.
“Asustan para ajustar”, lanzó la Presidenta contra la oposición. Como si su gobierno no estuviese haciendo, a través de una inflación y una recesión innegable, un brutal ajuste sobre el salario y el empleo.
Cristina, al promover el discurso del voto-miedo, está haciendo realidad –ahora– las dos cosas que adjudica como intención a los demás: ajusta y asusta.
Ciñe el cinto, además, de modo inequitativo y sesgado. Castiga a todo aquel que no haya encontrado un lugar en la sombra del frondoso sector público. Y pega más fuerte en las provincias que no han puesto sus estructuras administrativas al servicio político del poder central.
Para ese antiguo programa feudal, el titular del Banco Central de la República Argentina, Alejandro Vanoli, acaba de advertir que las reservas en divisas “están para ser usadas”. ¿Irán al déficit récord de las cuentas públicas cuyo gasto ya supera el millón de millones de pesos?
Con el uso extorsivo de la crispación y del miedo, la apuesta final del kirchnerismo es de un tenor similar. Intenta obtener un vasallaje moral del electorado. Pese a que en las últimas elecciones generales ya probó que la ciudadanía no comparte con el poder en descenso la lógica propensión a desesperar de sí mismo.

