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Un bache abismal entre el querer y el poder

Aun cuando la Justicia le diga que sí, Giacomino deberá convencer a los habitantes de Córdoba de que vale la pena que su gobierno continúe hasta 2015. Virginia Guevara.

20 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Un bache abismal entre el querer y el poder

El planteo que ayer realizó el intendente Daniel Giacomino requiere una respuesta judicial, porque la Carta Orgánica Municipal deja lugar para la duda. Efectivamente, permite inferir que quienes la redactaron quisieron marcar una diferencia al referirse al "período completo" que debe mediar entre el segundo y el tercer período de un concejal o un vocal del Tribunal de Cuentas y el indeterminado "intervalo de un período" que debe producirse para que un intendente o un viceintendente aspiren a un tercer mandato. Lo concreto es que, aun cuando no hubieran querido marcar una diferencia –tal como afirma Antonio María Hernández, quien presidió la convención constituyente–, lo hicieron. Hasta ahora parecía más que claro que Giacomino no podía aspirar a su reelección por un límite legal y el intendente al menos logró poner en duda esta postura casi unánime entre los constitucionalistas. Deberá decidir la jueza electoral Marta Vidal, y si lo que ella dispone no satisface a Giacomino, deberán expedirse también los jueces del Tribunal Superior de Justicia o los de la Corte Suprema. El problema es que aun cuando la Justicia le diga que sí, sigue siendo abismal el bache entre lo que Giacomino quiere y lo que puede: más allá de lo que decidan unos pocos jueces, está la voluntad del millón y medio de habitantes de la ciudad de Córdoba. De ellos depende que el intendente pueda quedarse hasta 2015 en el primer piso del Palacio 6 de Julio. Ahora bien, en vista de las encuestas de imagen e intención de voto, de las opiniones públicas de los vecinos sobre la gestión Giacomino, del estado concreto en que se encuentra la ciudad, de los casi inexistentes planes a futuro que la actual gestión logró plasmar para entusiasmar al electorado y de la orfandad política del intendente –que debió apelar al sello del Frente Grande para poder ir a la Justicia–, cuesta encontrar las razones de esta cruzada por la reelección.Cuesta, hasta que el mapa del sentido común se cruza con el plano inverosímil de la política. Una apuesta a restar. Entonces las cosas se presentan de otra forma. Si las posibilidades de Giacomino de ser reelegido hoy parecen ínfimas, ¿a quién le conviene que se presente igual a una elección que muy posiblemente pierda? Las respuestas superan ampliamente el límite de la ciudad de Córdoba –donde hasta hoy la brecha entre el actual senador radical Ramón Mestre y todos los demás precandidatos es grande– y se inscriben de lleno en la pulseada mayor: la Provincia. Ahí las distancias son muy cortas y los votos de la Capital se tornan decisivos, aun cuando sean los pocos votos que las encuestas le anticipan a Giacomino.Restarle votos a Luis Juez fue el único precepto político que Giacomino cumplió al pie de la letra desde que se escindió del Frente Cívico y Social que lo llevó al Gobierno. Lo logró en las últimas elecciones legislativas, cuando el oportuno conflicto que él les planteó a los empleados municipales por el recorte de horas extras –que luego restituyó con creces– le restó 50 mil votos en la Capital al juecismo. Lo intentará nuevamente esta vez, si la Justicia se lo permite.La escena local, por otra parte, lo alienta: el juecismo no tiene candidato, el del peronismo se desdibuja progresivamente en lugar de surgir y hasta el más mínimo capital político puede volverse importante en ese contexto. En cualquier caso, el objetivo es restar más que sumar.