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Sin crédito, hay que hacer lo que digan los otros

Cristina Fernández corre el riesgo de hacer algo parecido a lo de Irán. El tratado con China no tuvo mayores explicaciones, el Senado sólo levantó la mano y se teme un paso igual de veloz por Diputados.

04 de febrero de 2015 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Sin crédito, hay que hacer lo que digan los otros

El jueves pasado, la única fabricante nacional de turbinas hidroeléctricas, la mendocina Impsa, logró a duras penas pagar varias quincenas adeudadas. Los salarios no quedaron normalizados, pero, con los subsidios Repro de la Nación (2.000 pesos por empleado), al menos logró calmar los ánimos, que vienen mal desde hace mucho. A Impsa le caben las generales de la ley para las empresas argentinas que alguna vez se jugaron por rubros de alto contenido tecnológico en un mercado sin escala y gracias a los contratos que iban logrando del ciclotímico Estado argentino: la mitad del tiempo dilapidador; la otra mitad en quiebra; y, siempre, sospechado de corrupto.En 2010, Impsa ganó junto a Eurnekian y a la brasileña Camargo Correa la segunda licitación de las represas de Santa Cruz. Se ve que Impsa podía proveer las centrales. Pero eso se cayó. El Estado no tenía dinero y se había quedado sin acceso al crédito para financiar la obra.Impsa se volvió a presentar en la licitación de 2013. Pero para entonces las ofertas debían venir sí o sí con financiamiento propio. Impsa consiguió el del Banco Nacional de Desarrollo de Brasil, aunque no firme. Y el negocio quedó –en trámite discutible– para Electroingeniería, que, como Lázaro Báez, tenía crédito chino. Y turbinas chinas.En diciembre pasó lo mismo con la represa Chihuido. Impsa presentó la oferta más barata. Pero ganó Helport, de Eurnekian. Con financiamiento ruso. Y turbinas rusas.Cristina Fernández corre el riesgo de estar haciendo algo parecido a lo de Irán. El tratado con China no ha tenido mayores explicaciones oficiales, logró aprobación exprés del Senado y se teme un paso igual de veloz por Diputados, mientras los industriales argentinos piden por favor que se esclarezcan dudas sobre el acuerdo madre y se dé algún detalle sobre la veintena de subconvenios que se están firmando en Beijing.La historia expone la impostura de un Gobierno que dice proteger la industria argentina, en particular la de alta tecnología.Pero además deja una enseñanza: sin capacidad financiera propia, muchas declamaciones de los gobiernos –en default y medio paria en el mundo financiero– son puro bla bla. Al final, tienen que someterse al plan de sociedades más consistentes.