Seguirá ella, ¿pero hacia dónde?
La certidumbre de que Cristina Fernández será la próxima presidenta de la Nación no puede ocultar la incertidumbre que persiste sobre el rumbo que tomará su gestión. Adrián Simioni.
L a certidumbre de que Cristina Fernández será la próxima presidenta de la Nación no puede ocultar la incertidumbre que persiste sobre el rumbo que tomará su gestión. Es posible que eso se esté decidiendo justamente ahora, y, por eso, muchos hechos de estos días admiten dobles interpretaciones. Ayer, la plana mayor de la conducción económica (Amado Boudou, Débora Giorgi, Mercedes Marcó del Pont) dijeron en varios foros que el Gobierno seguirá apostando al consumo interno, al pleno empleo y al "desendeudamiento". Pero todos esos son fines que pueden alcanzarse con distintos medios, incluso opuestos entre sí. Ejemplo: la creación de empleos poco productivos puede promoverse abaratando los salarios con inflación/devaluación. Y empleos más productivos pueden facilitarse creando condiciones para el ahorro, el crédito y la inversión, algo que se lleva a las patadas con la inflación.Ninguno de los funcionarios precisó cómo se revertirá el deterioro paulatino de los superávits comercial y fiscal que acompañaron a aquellos tres objetivos en estos años.Al mismo tiempo, quien ha sido tal vez el dirigente empresario más complaciente con el kirchnerismo, el presidente de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, Adelmo Gabbi, planteó ayer mismo, con un énfasis poco usual, que es "urgente solucionar el problema con el Club de París" y que "es muy importante solicitar al Fondo Monetario que venga a revisar lo que se llama el artículo cuarto", en referencia a la capacidad de auditoría del FMI sobre las cuentas de un país.La gestión de Cristina Fernández parece estar tomando impulso, aunque no tenemos certeza de si será para ir hacia un lado o para el otro. Cada vez cuesta un poquito más encontrar el dinero y, cuando eso sucede, hay tres alternativas: ponerse amable y pedir prestado; ponerse duro y meter un nuevo impuesto o apropiarse de la renta o del capital de alguien; o hacerse el distraído y seguir haciendo que la inflación pague las cuentas.Como política y economía no son escindibles, este estar sobre el filo de la red se replica en aspectos institucionales y políticos.Un ejemplo es el aumento del salario mínimo. El aumento del 25 por ciento (definido por Cristina Fernández en persona) fue interpretado como un parate al poder gremial de Hugo Moyano. Pero también tiene una doble lectura: si ése es el piso de la próxima negociación salarial, para el comercio exterior significará una pérdida extra de competitividad cambiaria, mayor a la que esperaban.Otro caso: cuando el ministro del Interior, Florencio Randazzo, lanza la grave acusación contra Clarín y La Nación de que estos diarios atacan a la democracia –por el solo hecho de publicar lo que opinan, deciden o informan con nombre y apellido jueces de la Nación o dirigentes de la oposición democrática–, puede estar señalando un rumbo de radicalización efectiva del Gobierno. Pero también puede estar dando una señal de que "la lucha continúa" al kirchnerismo más radicalizado, para que a éste le resulte más fácil tragarse un sapo si la realidad impone un giro en políticas de fondo. Un símbolo para atenuar la realpolitik , digamos.

