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Se rompió algo que llevará mucho tiempo reconstruir

En una sociedad fragmentada, irrumpen discursos violentos, segregacionistas. Se padeció el Estado ausente y los funcionarios nacionales y provinciales mostraron su costado más mezquino.

05 de diciembre de 2013 a las 12:46 p. m.
Se rompió algo que llevará mucho tiempo reconstruir

Lo que se quebró en la sociedad cordobesa no se soldará así como así en poco tiempo. Recomponer un tejido social dañado por un par de jornadas sin antecedentes en la historia reciente de Córdoba será tal vez el desafío más complejo.Una sociedad, reflejo de lo que ocurre en buena parte del país, que está transida por diferencias sociales, que la tornan agresiva, violenta, intolerante, poco comprensiva, ha sumado una serie de episodios de una gravedad cuya dimensión recién se podrá mensurar con el paso del tiempo.La locura de la barbarie –cuyo origen es diverso, complejo y probablemente no espontáneo– le abrió las puertas a aumentar esas grietas que no son, como solemos analizar, entre los que defienden y los que cuestionan a una determinada gestión, sino entre los que tienen y los que no tienen; entre los que están adentro y los que están afuera.Los discursos violentos, segregacionistas, intolerantes, antidemocráticos, siempre agazapados, han encontrado una oportunidad de emerger. Y eso es preocupante.Como es preocupante la alta cantidad de delincuentes que, como quedó al descubierto, hay en Córdoba. Ausente con aviso Atormentados, sin pegar un ojo, con las balas zumbando en sus ventanas y con el temor de perder sus bienes y sus vidas, los cordobeses expresaron por diferentes formas la renovada zozobra del Estado ausente. La única relación de certeza para muchos ciudadanos es que el Estado, en sus diferentes niveles, tiene una fuerte presión recaudadora, que se incrementa –por diversas vías– a un ritmo incesante. Después, toparse con calles rotas, escuelas destrozadas, rutas colapsadas, hospitales precarios... y sigue la lista. Y en las últimas horas, esas ausencias del Estado se transformaron en angustiante vacío. El contrato social, aquel que Thomas Hobbes describió como constitutivo del Estado para que el hombre deje ser lobo para el hombre o la guerra de todos contra todos, pareció desaparecer en Córdoba por casi dos eternos días.Seguramente hay una responsabilidad del conjunto social por llegar a semejante extremo. Pero hay responsables claros y directos que parecieron haber estado muy lejos de la altura que las circunstancias exigían.Esa tenida entre el Gobierno nacional y el provincial como si estuviesen en medio de un proceso electoral o –peor aun– resolviendo una interna partidaria, seguramente no será neutra en la consideración ciudadana.La aparición del jefe de Gabinete de la Nación, Jorge Capitanich, a primera hora de la mañana hablando de las deudas de Córdoba con la administración central, mientras los cordobeses estaban en medio de palos, balas y barricadas, desmoronó la figura que había construido el chaqueño como el nuevo rostro tolerante y dialoguista de un gobierno que jamás se hace cargo de nada. El risueño silencio de la presidenta Cristina Fernández en la jura de la ministra de Seguridad, María Cecilia Rodríguez, fue lacerante.Al mediodía, el gobernador José Manuel de la Sota emuló ese estilo y desparramó responsabilidades sin siquiera asumir una sola propia. La ovación tribunera en el auditorio del Centro Cívico lleno de funcionarios y militantes constituyó una señal inequívoca de que los seguidores delasotistas tienen una miopía muy parecida a la que le endilgan a los devotos K. El relato cordobés tiene poco que envidiarle al santacruceño.Algo se ha roto. En la sociedad, en la política, en la gestión provincial. La superación del conflicto policial no implica que la crisis haya terminado. Más bien todo lo contrario. Y sus secuelas hoy son impredecibles.