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Querer y poder no siempre van juntos

Mestre expuso el enojo y la impotencia que siente al advertir la brecha entre lo que quiere hacer y los límites que le pone la realidad del municipio. Rubén Curto.

02 de marzo de 2013 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Querer y poder no siempre van juntos

Tras una larga –y por momentos tediosa– enumeración de acciones de su primer año de gobierno, el intendente Ramón Mestre encaró el último tramo de su discurso con voz entrecortada y ojos rojizos, hasta que terminó quebrándose. Era el momento en que cerraba su alocución con apelaciones a la "reconstrucción" de la ciudad y al "esfuerzo" colectivo. Esa situación sintetizó de la mejor manera el mensaje que el intendente les transmitió a los vecinos. Y lo condensó de manera más elocuente que las casi 50 páginas de discurso, que insumieron dos horas de lectura.Mestre expuso –no sabemos si adrede o involuntariamente– el enojo y la impotencia que siente al advertir la brecha entre lo que quiere hacer y los límites que le pone la realidad del municipio y la ciudad. Por eso su alocución se encargó de subrayar repetidamente conceptos como "voluntad", "ganas", "compromiso", como para dejar en claro qué atributos sobran, por contraste con lo que falta.El pretendido resumen de lo hecho y anuncio de lo que viene tuvo mucho más de lo primero que de lo segundo. Preocupado por mostrar que está activo y que va al frente pese a todo, Mestre se internó en un detalle finísimo de cada acción de gobierno durante el año 2012. Fue casi como un inventario, punto por punto. Moderación. Hacia el futuro, primó la moderación absoluta. Para quienes buscaron con lupa grandes anuncios, no los hubo. Sí una nueva apelación a la confianza de los vecinos y a reafirmar que "estamos en camino". Y si bien aparecieron nuevamente menciones a la "tormenta perfecta" que dijo haber recibido como herencia, achicó ostensiblemente el margen para echar culpas hacia atrás.Hace casi una década, el entonces intendente Luis Juez hizo célebre una frase suya que describió con precisión lo que implicaba gobernar la ciudad. "La Municipalidad es como un submarino a pedal", dijo con ocurrencia, para señalar lo difícil que era tomar decisiones y asegurar su cumplimiento.Con otro tono discursivo, Mestre pareció reconocer ayer un diagnóstico similar. Tomó nota de lo complicado que es cambiar la impronta de estancamiento que Córdoba cosecha desde hace muchos años.Para peor, a días de que se conmemoren los 10 años de la muerte de su padre Ramón Bautista Mestre, el intendente sabe como nadie que los cordobeses asocian su apellido con el eslogan "obras, no palabras". En su propia experiencia gestionando, es una fórmula que todavía no logra aceitar como quisiera, porque el querer y el poder todavía tienen senderos bifurcados."Hay una carrera secreta entre la velocidad de la restauración y del deterioro, y en más de una ocasión, sentimos que el esfuerzo va más lento que la erosión causada por los desaprensivos", señaló el intendente en su discurso. Desde fuera de la gestión, ese diagnóstico es compartido, aunque con un aditivo no menor: la ansiedad de los vecinos por salir del estancamiento.