Poder sindical: de la alianza con Néstor a la ruptura con Cristina
La relación del kirchnerismo con el poder sindical está diferenciada, nítidamente, entre los gobiernos de Néstor y Cristina.
Con la fuerza debilitada por la recesión y alta desocupación que produjo la crisis del 2001, el gremialismo reconstruyó su poder con la llegada de Néstor Kirchner a la Casa Rosada. Con un escenario donde la exportación de commoditties, como la soja, aparecían como eje de la economía, el sindicato de los camioneros que lideraba Hugo Moyano, cobró protagonismo.
En ese marco, el líder camionero comienza a erigirse en la expresión más relevante del poder sindical de la primera década del siglo 21.
Aunque había apoyado la candidatura presidencial del puntano Adolfo Rodríguez Saá, el pragmatismo del sindicalista lo llevó rápidamente a respaldar a Néstor, quien lo sumó como aliado clave del modelo. A partir de ese tome y daca, Moyano logró acumular poder y su sindicato se convirtió en un gran gremio de logística, absorbiendo afiliados de otros sindicatos, principalmente Comercio. Con el guiño del Gobierno, el líder cegetista sumó trabajadores, recurriendo a los bloqueos de empresas.
En lo político, con el apoyo de Néstor, Moyano se convirtió en el jefe del PJ bonaerense, y al morir el expresidente, quedó como vice del Justicialismo nacional. Fue el principal defensor sindical del modelo y alineó a varios gremios relevantes detrás del kirchnerismo.
Cristina y la pelea. Con la muerte de Néstor, la relación cambió 180 grados. Cristina aceptaba la alianza con Moyano más por necesidad que por convicción. La pelea de poder entre el gremialista y la Presidenta se insinuó antes de que Cristina obtuviera su contundente triunfo en las elecciones de octubre de 2011. Nunca quedó claro cuál fue el detonante que desencadenó la ruptura. Se conjeturó de una supuesta discusión telefónica entre Néstor y el camionero en las horas previas a la muerte del expresidente.
La expulsión de Moyano del universo K se aceleró con el armado de las listas para las elecciones de 2011, cuando pidió el cargo de vicepresidente de la Nación para un hombre del sindicalismo. Cristina no sólo desoyó ese reclamo si no que tampoco le concedió los lugares que pretendía para los gremialistas en las listas de candidatos a legisladores. La pelea se desató. El dirigente renunció a la conducción partidaria y reprochó que al Gobierno le faltaban peronistas. La pelea se transformó en guerra y el Gobierno consiguió echar a Moyano de la conducción cegetista y reemplazarlo por el metalúrgico Antonio Caló. Moyano pasó de aliado incondicional a principal opositor y figura del frente anti K.
A poco más de seis meses de asumir al mando de la CGT que reconoce el Gobierno, Caló aún no logró ganarse la confianza total de los kirchneristas, ni tampoco puertas adentro de la central. La pelea entre Cristina y el moyanismo acentuó la atomización del movimiento obrero: hay tres CGT y dos CTA.
El sindicalismo opositor al cristinismo empezó a generar nuevas alianzas, por ahora sólo coyunturales.

