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Parecen tan diferentes que son casi iguales

El armado político de Massa muestra las mismas prácticas de la dirigencia que dice viene a renovar.

09 de abril de 2014 a las 01:40 p. m.
Parecen tan diferentes que son casi iguales

Fernando de la Rúa representaba la antítesis, al menos desde lo estético y lo formal, de Carlos Menem. El radical era lo más distinto que se encontraba en plaza de aquel presidente peronista que había sufrido un desgaste tal en su década de gestión, que la mayoría de los argentinos andaba buscando al que menos se le pareciera.Después, la realidad se encargó de demostrar que aquellas diferencias de forma no se reflejaban en los contenidos, al punto que la gestión De la Rúa es considerada como parte de la misma etapa histórica llamada menemismo.No es casual que los dirigentes mejor posicionados para competir por la sucesión de Cristina Fernández cultiven aspectos estéticos y discursivos que los alejen lo más posible de la Presidenta. El valor continuidad cotiza cada vez menos en las mediciones sobre conductas y posicionamientos ciudadanos. Es muy probable que los argentinos busquen en las urnas del año que viene lo que luzca como más distinto de la viuda de Néstor Kirchner. Obviamente, tal como marca la recientísima experiencia Menem-De la Rúa, las poses no garantizan los contenidos.En tal sentido, es elocuente cómo esa distancia queda explícita con un simple repaso del discurso pretendidamente progresista del kirchnerismo y su falta de correspondencia en más de un indicador. Los cordobeses vimos pasar de cerca esta semana a uno de los que están entre el lote de los que –al menos hasta ahora– más posibilidades tienen de recibir la banda de Cristina: Sergio Massa. Su prontuario político está lleno de zigzagueos. De la Ucedé al menemismo, del menemismo al duhaldismo, del duhaldismo al kirchnerismo, y del kirchnerismo a este esfuerzo por mostrarse como lo más distante de los K que pueda haber.Y los K están aportando bastante, como en su momento lo hicieron con Mauricio Macri, en mostrarlo como el antagonista. Cuando le adjudican responsabilidad política en el paro de mañana y en promover la "justicia" por mano propia ante la inseguridad, lo único que hacen es potenciar su figura.En el juego "buscando el/la más diferente a Cristina al menos en lo formal", Massa parece haber avanzado un par de casilleros. No obstante, en su paso por Córdoba, como en el resto de sus incursiones territoriales y mediáticas, no dejó grandes definiciones.Los que conocen más en detalle sus movimientos comentan que tiene incorporadas muchas prácticas kirchneristas.Su envoltura de dirigente renovador no le evita tener conductas similares a las de los dirigentes tradicionales, si es que existe la antinomia tradicional-renovador.El armado cordobés es un ejemplo de ese comportamiento. De proclamar que prefería dirigentes jóvenes y "renovadores" como él, entre los que situaba a Martín Llaryora y Ramón Mestre, pasó a casi explicitar un acuerdo con José Manuel de la Sota, quien –a su vez– venía mostrándose en fina sintonía con Daniel Scioli.Además, le otorgó un rol importante entre los recién avenidos massistas cordobeses a Esteban Dómina, que es el principal opositor de su amigo Mestre y pertenece al Frente Cívico de Luis Juez, con quien Massa ha intercambiado duras expresiones acusatorias.El vaticinio del "Negro" Álvarez de que "el hombre nuevo ha salido peor que el otro" suele ser algo repetido y para nada gracioso en política.