Para ser un vaciamiento, sería demasiado costoso
Hay una inquietud gremial creciente por la anunciada decisión de avanzar hacia la privatización de esos servicios, en el marco de un replanteo y de una licitación general de todo el sistema de transporte urbano. Virginia Guevara.
Detrás de las asambleas que ayer fueron paralizando por varias horas la mayor parte de las líneas de Transporte Automotor Municipal Sociedad del Estado (Tamse) –y que hoy se reiterarán–, hay unidades fuera de circulación por problemas técnicos, pero sobre todo hay una inquietud gremial creciente. La causa es la anunciada decisión de avanzar hacia la privatización de esos servicios, en el marco de un replanteo y de una licitación general de todo el sistema de transporte urbano. En las asambleas, los delegados hablaban del supuesto vaciamiento de Tamse a esos efectos. El razonamiento apunta a que la administración de Ramón Mestre no arregla las unidades, en cumplimiento de un plan perverso: para que los usuarios viajen tan mal que al final prefieran a un prestador privado. Como si alguna vez hubieran elegido viajar en la firma estatal.Se trata de un argumento convocante en el marco de una asamblea. Pero no se condice con la realidad que muestran los números: en lo que va de la gestión Mestre, el municipio ya giró a la empresa de transporte unos 17 millones de pesos y las autoridades de Tamse esperan que hoy les transfieran 3,5 millones más, para poder cubrir cosas tan elementales como combustible y repuestos. Está claro que ese aporte no alcanza para las necesidades de Tamse, pero ningún gremialista explica ni exige explicaciones respecto a por qué la empresa municipal siempre necesita más.En estas ocho semanas, el municipio privilegió los subsidios a Tamse y a Crese sobre sus propias obligaciones directas. De hecho, no le alcanzó para los sueldos de los municipales y tuvo que salir a pedir préstamos para pagarlos. Es obvio que tampoco atendió ninguna de las prestaciones más básicas que reclaman las calles, el alumbrado o las plazas de la ciudad.Las víctimas de los colectivos rotos son los usuarios antes que los choferes. Además, son los que sufren que algunos delegados saquen de circulación las pocas unidades que funcionan.

