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Oyarbide como símbolo de la obscena manipulación de la Justicia

El caso es sólo un ejemplo de como el poder política sujeta al judicial. De la Sota y los K amoldan el discurso a su conveniencia.

26 de septiembre de 2012 a las 10:39 a. m.
Roberto Battaglino
Oyarbide como símbolo de la obscena manipulación de la Justicia

Norberto Oyarbide, con su vida extravagante, es sólo un símbolo de lo que representa la sumisión de la Justicia al poder político, y de lo cual hay sólo honrosas excepciones. Y, del manoseo que hacen los gobiernos de los magistrados y de las causas.

Lo de Oyarbide es fácil visualizar por sus excentricidades. Lo que está en discusión no es un estilo de vida sino la coherencia que ha tenido este juez (como varios otros de más bajo perfil) de fallar siempre de acuerdo a los intereses del poder político, lo ejerza quien lo ejerza.

Si hay un emblema de la garantía de impunidad de jueces como Oyarbide, es el tiempo record en que archivó una de las denuncias por enriquecimiento ilícito del matrimonio Kirchner, una de las parejas gobernantes más ricas de la región pese a que buena parte de su vida se dedicaron a la función pública.

Estos jueces ponen en justa medida aquel mérito K de haber prestigiado aquella desprestigiada Corte Suprema de la impunidad menemista.

El vocal del Tribunal Superior de Justicia de Córdoba Armando Andruet reflexionó días atrás en su cuenta de Twitter: "Si la ostentación judicial afecta la natural austeridad republicana, mentir para aparentar, descalifica todavía más al juez Oyarbide".

La manipulación política de la Justicia tiende su manto también a Córdoba. Por caso, el gobernador José Manuel de la Sota dijo ayer en el acto para reclamar el esclarecimiento del crimen de José Ignacio Rucci, en septiembre de 1973, que había estado en contra de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.

Sin embargo, en 2001, a partir de un fallo que anulaba esas leyes, De la Sota había dicho: "En todos los países del mundo, en un momento determinado, después de haber vivido etapas tristes como las que vivimos los argentinos en esos años, se cierra un período y hay que buscar un equilibrio entre una cosa y otra."

La postura del gobernador en estos temas tan delicados se ha ido acomodando a su relación con el Gobierno nacional y a su conveniencia política.

Como se acomoda a su conveniencia política el kirchnerismo, que reclama en el Congreso de la Nación por la desaparición del joven cordobés Facundo Rivera Alegre, pero calla desde hace seis años la desaparición de Jorge Julio López.

La obsesión del poder político por sentarse en los platos de la Justicia hace que esa balanza hace rato está más que descalibrada.